En la esquina en que se pare, escuchará a las personas hablar del terremoto. Unos hablan desde la experiencia vivida caminando, estando en sus residencias, trabajando o en los edificios. Son relatos que tratan de recordar aquellos segundos nunca antes vividos. Esos son los relatos que se oyen a viva voz, con el entusiasmo o el miedo todavía a flor de piel. Pasando al mundo digital, separado apenas por una pantalla de la plataforma que tengamos, existe un relato totalmente distinto.
Son personas que dicen conocer más que los expertos del Instituto de Geociencias que interpretan el terremoto. Algunos presentan relatos disparatados que, a todas luces, buscan seguidores en el mundo digital. Mientras más disparatados sean los relatos, más impacto apelan a conseguir. Hasta dicen saber más que los expertos.
Todo esto genera un mar de confusión en la población, en vez de apelar a la tranquilidad y a la solidaridad con aquellas personas que lo perdieron todo, incluyendo su paz mental.
Mientras se van reconstruyendo las viviendas, puestos de salud, puentes, iglesias y demás obras afectadas, el tiempo irá devolviendo la tranquilidad a la población. Como dice el dicho, el mejor remedio es el tiempo. Lo sana todo.