El 31 de julio pasado escribí, en este espacio, que el presupuesto del 2027 era para la corrupción. Las vistas presupuestarias empezaron el lunes 17 de agosto pasado. No estoy regocijado de predecir, que ese presupuesto del 2027, era un “presupuesto para la corrupción”.Día tras día, las entidades que se presentan para pasar el filtro de la Comisión de Presupuesto, dejan evidencia de la superficialidad y poco compromiso con la moral que ese proyecto de presupuesto fue hecho.
Un presupuesto de 35,117.7 millones de balboas que supera al de 2026 que es de 34,901 millones. El aumento no parece exagerado solo que ambos son un preludio de corruptelas porque patrocina, sin ninguna vergüenza, el despilfarro.
En un Panamá en que 500 mil menores de edad, del 1.4 millón que existen, padecen pobreza y 125 mil tercera edad, de 560 mil que existen, igual padecen pobreza, que tengamos por 2 años presupuestos que suman 70 mil millones sin que en esos presupuestos se reflejen programas para reducir esos niveles de pobreza. Y súmele los padres de los menores pobres y los parientes cercanos (hijos) de esos tercera edad, nos dicen del perverso Estado que tenemos. Suman más de 1 millón de pobres.
Pero volvamos a las vistas presupuestarias. No ha habido un día en que los diputados de Vamos, que están participando, no dejen en evidencia corruptelas en casi todas la entidades que han pasado, en cuanto al manejo de los fondos públicos. También se evidencia la incapacidad y cinismo de muchos de los funcionarios que llegan a sustentar sus proyectos de presupuesto.
Hay que destacar que, algunos de los llamados oposición del PRD, han asoleado a ministros y funcionarios evidenciando la negligencia de sus acciones en las regiones que esos diputados representan.
El colmo de la desfachatez, creo, se lo llevó la presidente de la Asamblea, que reclamaba que lo asignado (90 millones) se quedaba corto por 70 millones, en una entidad que reinan planillas abultadas por el clientelismo de diputados que tienen decenas de emplanillados para no hacer nada o casi nada. Así las cosas, seguiremos degradando. La pregunta es hasta cuándo?