- sábado 31 de agosto de 2019 - 12:00 AM
Viejo y sin plata
En mis recorridos por la ciudad, donde hay hospitales públicos y privados, parques, centros comerciales, aceras y otros tipos de infraestructuras de movilidad urbana por donde transitan personas de la tercera edad, y desvalidos, suelo ver algunos ancianos pasando páramos, cabizbajos, rumiando su soledad y falta de apoyo de familiares o amistades. Muchos de ellos fueron en sus días tempranos, padres dedicados a levantar una familia en valores; pero ojo, que también los hubo vagabundos, vida alegre y pendencieros que abandonaron temprano su prole para irse por esos mundos a satisfacer sus instintos inmediatos sin recordar que la vida al final tiene un destino ineludible, la vejez, si no te mueres antes en el camino.
En esta sociedad capitalista, apegada al dinero y lo material, habrá quienes presuponen el apoyo a un viejo dependiendo si tiene recursos económicos y cualquier bien del cual se pueda disponer, cuando parta al más allá. A mi en lo personal me duele verlos con la vista ida, como buscando en el tiempo pasado recuerdos placenteros: el día de la graduación del hijo, la fiesta del matrimonio, el ascenso al puesto en la compañía con el jefe exaltando sus virtudes, la voluntad de trabajo y demás. Al acercarse la vejez hicieron su aparición las enfermedades como una luz roja al final del túnel de la vida.
Hoy, son incontables los conflictos y litigios entre familiares de algún muerto que dejó a su partida, y sin testar, casas, apartamentos, carros y tantas otras baratijas objeto de trifulcas que terminaron hasta en carcelazos y muertos. En lidiar estos casos los abogados son duchos, al punto que en ocasiones ponen a pelear entre sí a los reclamantes para sacar su parte del pastel que trabajó el pobre viejo ahora bajo tierra. Consejo: deben los herederos sentarse a conversar y negociar de manera racional y dejar de andar gastado dinero en litigios.
Nuestra burocracia estatal no ha evolucionado del letrero en la ventanilla de las oficinas públicas que reza, sólo para jubilados, tercera edad, discapacitados y mujeres en estado de gravidez. En pocos lugares he visto sillas y aunque sea una cafetera con té o café para los abuelos mientras esperan su turno. Esta es una sociedad pensada para niños y jóvenes, y aunque no se diga, los viejos que se jodan.
Observa amigo lector que, al acogerse a la jubilación, una persona ha aportado parte importante de lo que produjo en toda su vida, y para que el estado le reconozca un pequeño aumento de salario tiene que ir a cerrar calles, arriesgando que lo mate un carro o sufra un infarto por la insolación que ahora se hace más calurosa con el cambio climático.
ESCRITOR