- miércoles 31 de agosto de 2011 - 12:00 AM
Varela no entiende: ‘El fin justifica los medios’
La ciudadanía está en la expectativa desde hace meses, y espera que de un momento a otro la directiva del histórico Partido Panameñista diga: ‘Hasta aquí. No soportaremos más humillaciones ni más desplantes y que nos digan, sin ambages de ninguna clase, que no nos quieren en la alianza’.
El señor presidente de la República ha llegado hasta el extremo de decirles en forma populachera que la Alianza está pegada con ‘miao’. ¿Qué más quiere el Panameñista? Es más, Martinelli ha declarado que el CD irá a las elecciones de 2014 con candidato presidencial propio.
Históricamente la política ha sido un juego en el que no vale la palabra empeñada. Hay que recordar el caso del doctor Harmodio Arias, quien prometió el respaldo político a Jeptha B. Duncan, a Enrique Jiménez y sobre todo a don Domingo Díaz Arosemena y finalmente el ungido fue el doctor Juan Demóstenes Arosemena. Lo anterior ocurrió en la campaña de 1936.
Tenemos que aceptar que en política no hay ética. La historia nos lo demuestra para que aprendamos de esta verdad a puños. Los políticos siguen al pie de la letra las enseñanzas de Nicolás Maquiavelo, quien en el Renacimiento italiano escribió su obra cumbre donde resalta el malévolo concepto de ‘que el fin justifica los medios’. Maquiavelo escribía que un príncipe debía mantenerse en el poder, aunque tuviera que hacer uso del crimen, del engaño y sobre todo dejó entrever que una vez en el poder no estaba obligado a cumplir la palabra empeñada.
En esta forma, políticos como Catalina de Médicos, los Reyes Católicos en la Edad Media y luego Napoleón I en los siglos XVIII Y XIX supieron aprovechar las enseñanzas del florentino Maquiavelo, para aferrarse al poder. Una muestra de la desesperación por aferrarse en el poder lo puso de manifiesto Catalina de Médicos, con la matanza de la noche de San Bartolomé en Francia.
La situación que está sufriendo el panameñismo nos lleva a los primeros años de la República en que sí se conocía y se practicaba el verbo renunciar, pero el mismo se ha olvidado, lamentablemente. Ahora, vivimos la era de los políticos ‘caraduras’ que están dispuestos a soportar desprecios, amamantándose de la ubre gubernamental. Y es que tienen terror de salir de la planilla estatal y tener que ganarse el pan nuestro de cada día con el sudor de su frente. Es cierto lo que dijo el poeta Jorge Manrique: ‘Cualquier tiempo pasado, fue mejor’.
EL AUTOR ES PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO