Desde niño vi una amorosa maestra caminar cojeando como secuela del Polio, que afectó en décadas pasadas. ¿Y por qué en mi familia no? Por las vacunas. Por muchos años, personal de salud salió a prevenir enfermedades con un esquema de vacunas muy completo y seguro.
Y como dice el inmunólogo Dr. Barrera, el peor enemigo de nuestras vacunas es su eficacia, pues al ser tan buenas y lograr erradicar enfermedades, un sector ignorante, al no ver esas enfermedades, empiezan a dudar que existieron, no le temen a lo que no han visto. Salubristas, como el Dr. Betts, nos recuerda que, gracias al esfuerzo heroico del equipo de salud en este siglo XXI, no hay casos de rabia canina, no hay viruela, no hay fiebre amarilla, no hay poliomielitis, no hay difteria, no hay casos de rubéola congénita que dejaba niños sordos, no hay tétanos neonatal, y hasta hace poco no había casos de sarampión, excepto el detectado que no es autóctono.
Claro que vacunas nuevas, han creado temores y dudas, justificadamente pues se colocan a promoverlas figuras desprestigiadas, anti pueblo y Dios, mercantilistas del tema de vacunas, cuya credibilidad sigue en el suelo, luego de negar que el Covid llegaría a Panamá. Pero no por esos personajes detestables en salud, el pueblo debe caer en las garras de desequilibrados promotores antivacunas, que confunden los esquemas de vacunas que ellos mismos desde niños tienen y que han sido efectivas con nuevos tipos de vacunas, que se están mejorando.