• miércoles 17 de junio de 2026 - 12:00 AM

Un mundial y la efervescencia colectiva

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Me dije a mí misma: «Este año voy a ver los partidos de fútbol del mundial». Lo decidí con alegría. Meterse en la sintonía mundialista nos llena de buenas emociones, se anticipa que pasaremos un muy buen mes quienes decidamos dejarnos llevar por la burbuja de escape que produce estar conectados a los juegos.

Ni los problemas de la vida ni los conflictos internacionales se acaban porque gran parte de la población esté pendiente de un partido y de su resultado, pero se produce una pausa que propicia que conectemos con otras personas, generando muchos beneficios psicológicos en nosotros.

El fútbol mundialista permite que las personas, a través de las diferencias, empaticemos al apoyar a un equipo que no es de nuestro país, pero por el cual sentimos simpatía.

También hay beneficios personales en nuestro estado de ánimo, nuestras emociones y el alivio de tensiones que se produce al ver y estar pendiente de la trasmisión de cada partido.

Cuando juega el equipo de nuestra selección, el impacto social y psicológico se multiplica, ya no solo se trata de disfrutar al ver un partido, sino que se activa el sentido de identidad nacional de todo un país.

Cuando nuestro equipo nacional sale a jugar a la cancha, se convierte en la imagen de la nación, sus aciertos se sienten como triunfos del país entero y, los errores, como heridas colectivas. Esto genera un fenómeno de pertenencia y de autoestima, porque estamos compitiendo contra aquellos de más alto nivel, y eso nos llena de orgullo patrio. El único requisito para pertenecer y para ser aceptado es compartir el mismo color de camiseta.

Por todo lo anterior, los convido a vivir este mundial.