Esta semana se presentará en Panamá el libro Las caras del terrorismo judicial, cuya autora es Mery Alfaro de Villageliú, ampliamente conocida por su larga y combativa trayectoria contra los regímenes autocráticos, así como por su firme activismo feminista.
En este ambicioso proyecto editorial, Mery aborda dos casos ocurridos durante el gobierno militar —incluido el suyo propio, cuando fue perseguida, encarcelada y forzada al exilio— y otros cuatro vividos en el quinquenio 2014–2019. Todos revelan cómo se administró la justicia bajo un esquema perverso, marcado por la premeditación, la alevosía y la manipulación. El libro también expone los daños colaterales que esta maquinaria causó en las familias de los afectados y en el tejido social del país.
Se trata de dos períodos y dos sistemas de gobierno distintos, pero con consecuencias igualmente devastadoras para sus víctimas. Con el agravante de que, durante una gestión democrática, se contó con el respaldo del país más poderoso del mundo. Las secuelas aún se sienten: negocios arruinados, condenas injustas, enfermedades y, sobre todo, el tiempo irrecuperable consumido entre juicios, descrédito público, enfrentamientos y años de prisión.
Todo lo que recoge este libro —valiente y frontal— está sustentado en una investigación profunda y minuciosa, que no deja cabos sueltos y aporta un testimonio imprescindible para comprender una etapa oscura de nuestra historia reciente.
Conviene señalar que ese modus operandi no nació en el período presidencial al que se refiere el texto, sino que siguió la pauta establecida por el gobierno anterior, cuando se institucionalizó la persecución de adversarios. Su recuerdo más inquietante es el sistema de escuchas conocido como “la pinchadora”, utilizado para espiar a supuestos enemigos del poder, aunque también alcanzó a personas cercanas al propio presidente, movido por el afán de control absoluto.
Este libro no dejará indiferente a nadie. Ya fue presentado en Colón, pues una de las víctimas es precisamente Nidal Waked, quien sufrió prisión y la quiebra de sus negocios, sin haber logrado hasta hoy recuperar el esfuerzo familiar de toda una vida. La acogida de los colonenses fue entusiasta y participativa.
No solo cuenta lo ocurrido: señala responsables morales y revela un sistema. Leerlo es un ejercicio de conciencia. Ignorarlo, un riesgo que Panamá no puede permitirse.