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Agrega El Siglo en Google ↗️Suena la campana y la calle se convierte en un cuadrilátero donde el ciudadano de a pie arranca perdiendo en las tarjetas. La delincuencia no da tregua; sale desde el primer asalto con un ritmo agresivo, conectando jabs constantes en forma de hurtos, balaceras y extorsiones. El panameño camina con la guardia arriba, esquivando golpes en cada esquina, desde San Miguelito hasta Colón, tratando de no terminar en la lona antes de llegar a casa.
Mientras tanto, los encargados de la seguridad parecen un boxeador desgastado, con las piernas pesadas y arrinconado contra las cuerdas. Las estrategias de las autoridades lucen lentas, como golpes al aire que no logran conectar con el rival. La ofensiva del crimen organizado se mueve con velocidad, mientras que la respuesta oficial se queda en amagues y discursos, dejando al público con la frustración de ver un réferi que no interviene a tiempo para detener el castigo.
No podemos seguir esperando que esta pelea se decida por puntos mientras la ciudadanía sigue recibiendo ganchos al hígado. Para evitar el nocaut definitivo, las autoridades necesitan cambiar el plan de entrenamiento: meterle pegada dura a la impunidad, recuperar el control del ring en los barrios. ¡Veremos que pasa!