• lunes 11 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

¡Retiren las reformas!

A lo largo de los últimos 47 años nos hemos visto sujetos a una constitución impuesta por el régimen dictatorial.

A lo largo de los últimos 47 años nos hemos visto sujetos a una constitución impuesta por el régimen dictatorial.

La cuatro veces reformada constitución militarista ha logrado hacer realidad, hasta ahora, la soberbia pretensión de sus autores, gestores, promotores, reformadores y apadrinadores, de perdurar de espaldas a los valores democráticos.

Los progresos alcanzados por el constitucionalismo moderno, han hecho de la participación ciudadana su fuente de inspiración. Ello ha llevado a procesos de democratización de diversos órdenes, en diversas latitudes. Los resultados han sido, sin duda, positivos y en beneficio de un afianzamiento del poder ciudadano.

En Panamá, la consuetudinaria práctica de la usurpación de funciones, ha llevado y lleva a los factores reales de poder dominantes, a darle la espalda no solo a la separación de poderes, sino también a la necesaria participación ciudadana en los asuntos públicos. Derecho de por si inalienable en nuestros días.

El carácter sectario y excuyente que ha caracterizado al presente gobierno desde el día uno, lo ha llevado a olvidar su carácter electoral minoritario. Lejos de caminar por los senderos de la inclusión ciudadana, tempranamente ha decidido valerse del exagerado y descomedido presidencialismo, para intentar imponer unas denominadas ‘reformas' a la constitución militarista, aun a sabiendas del clamor existente en el país por una nueva y no reemparchada constitución.

Dichas reformas, nacieron huérfanas del calor ciudadano, redactadas con un descarado desconocimiento de la teoría y la doctrina constitucional, han sido sometidas al Legislativo, sin la necesaria lectura previa de parte del Ejecutivo. Luego, las mismas, han sido objeto de la larvada disputa por poder, de todos y cada uno de los integrantes del Legislativo. Ello ha traído como resultado, una creciente ola de descontento e insatisfacción de parte de distintos sectores de la ciudadanía, destacándose los jóvenes universitarios de todo el país.

No cabe duda que de persistir el Ejecutivo en imponer ‘sus' reformas y no escuchar el clamor ciudadano que aumenta, lo llevará a cometer un gravísimo error político.

Las reformas gatopardistas deben ser retiradas cuanto antes y abrir un proceso democrático de consulta y participación ciudadana que nos permita darnos una nueva Carta Magna.

No hacerlo es sembrar vientos, es optar por una vertiente mucho más autoritaria de la que aun mantiene la actual estructura de poder.

CATEDRÁTICO