• martes 01 de agosto de 2023 - 10:17 AM

Los recuerdos del hombre de Coclesito

Como periodista tuve el privilegio de estar en el teatro de los acontecimientos en la montaña coclesana

El mes de julio termina siempre con un recordatorio especial… la muerte de Omar Efraín Torrijos Herrera. Este caballero del patrullaje doméstico dejó este mundo terrenal luego de un accidente aéreo. Muchos afirman que fue un atentado manejado por las mismas manos misteriosas que ponen y quitan mandatarios a nivel mundial. El nombre de julio se lo debemos a los asesores que revolotearon alrededor del poder. Surge para honrar al líder romano Julio César. Y es uno de los pocos meses con 31 días. Años después el sucesor Augusto tampoco se podía quedar atrás. Los mismos chupa medias lo convencieron para que el calendario llevara su nombre y así surge agosto. ¡Y nada de estar por debajo o ser menos que Julio César… él también logró que su mes fuera de 31 días! Por allí dicen que tomó prestado un día a febrero y por eso el mes quedó en 28 días ¿Y por qué de esta analogía? Resulta que, si julio es para recordar a Torrijos, agosto lo es para Arnulfo Arias Madrid. Los cuatro fueron figuras emblemáticas en su tiempo. El líder auténtico, que no necesitó de maletines con dinero, murió el 10 de agosto de 1988 en Estados Unidos. De él hablaremos en su momento, ahora el turno es de Torrijos.

El coronel Roberto Díaz Herrera nos regaló unas pinceladas sobre la vida de este general. Durante la pandemia le pregunté si Torrijos le habló, en algún momento, sobre un atentado contra su vida… “No directamente; su seguridad y las investigaciones o informes de esa naturaleza las veía el G-2 (Noriega). No obstante, como estuve muy cerca de él sí le oí decir en un par de ocasiones: “Nadie puede cuidarse de un atentado las 24 horas del día y andar mirando para todos lados noche y día. Mataron a los dos Kennedy llenos de seguridad especializados; a cualquiera lo pueden matar” Luego él dijo en público y más de una vez: “mi muerte ha de ser violenta como lo ha sido obligantemente mi vida” Además sus discursos o manifestaciones públicas- teniendo a la CIA y a otros estamentos de USA vigilándolo, no ayudaban mucho a su seguridad personal. Veamos estas palabras suyas a los delegados nacionales e internacionales en “la semana anti imperialista” celebrada en Panamá” - fuente Revista Lotería edición extraordinaria - agosto-sept- oct- noviembre y diciembre de 1981) Cito: “Porque de no haber un arreglo satisfactorio para nuestra nación y para nuestro pueblo va a pasar algo que es inevitable. Vendrá por combustión espontánea una explosión del pueblo panameño. A la Guardia Nacional le quedan dos caminos. A Omar Torrijos le quedan dos caminos al frente de la Guardia Nacional. Aplastar esa rebelión patriótica o conducirla. Y yo no la voy a aplastar”

Todas esas expresiones monitoreadas por la CIA, y teniendo Omar un poderosísimo enemigo que era Jesse Helms por décadas presidente del comité de Relaciones Exteriores, íntimo de Somoza desde que ambos estudiaban en la academia militar de West Point, además de otros, es obvio que “estaba dando motivos para sacarlo del camino”. Solo el motivo de la conferencia “anti imperialista”, era suficiente para asustar no solo al senado republicano… también a demócratas… también a sectores derechistas nacionales y la gente del Consejo Nacional de la Empresa Privada, CONEP!

Como periodista tuve el privilegio de estar en el teatro de los acontecimientos en la montaña coclesana. Es importante destacar que en los tiempos del presidente Nixon, 1973, se planeó el asesinato de Omar Torrijos, pero el caso se vino abajo luego del escándalo del Watergate que provocó la renuncia de Nixon. El avión donde iba Torrijos desapareció ese 31 de julio de 1981 en condiciones climáticas extremas. Un día después los equipos de seguridad del Estado, impidieron que RPC televisión se acercara al lugar de los acontecimientos. Pasadas dos semanas, y coordinados por el procurador general de la nación, el abogado desparecido, Olmedo Miranda, pudimos llegar a las faldas del cerro. Fuimos el primer medio en estar en el sitio. Reconozco que el lugar se había maquillado, para dar la impresión de un accidente. Se cortó parte de la vegetación, cercana al pico más alto del cerro; se notaron restos diversos del avión. En un aparte, y sin que los equipos de seguridad lo notaran, le preguntamos a un lugareño. “Sentí que hubo dos explosiones; vimos un avión en llamas en el aire y luego el ruido al caer”, contestó el campesino, quien pidió reserva de la identidad.

El ingeniero e historiados Juan Cardona Conte, autor del libro Voces de la historia también dio su aporte para la redacción de este escrito. “Se cumplen 42 años del accidente aéreo en el que perdiera la vida el general Omar Torrijos Herrera ocurrido en las montañas de Coclé. Un suceso, cuyas consecuencias aún no se han analizado en toda su magnitud. Como un aporte para la historia de este acontecimiento, me parece interesante leer el artículo que publicó en 1981 el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, titulado “La última entrevista”.

Se trata de una entrevista de unas 7 horas de duración que Vargas Llosa le hizo al general Torrijos en su casa de Coclesito el sábado 25 de julio de 1981. Es decir, una semana antes del accidente.  Curiosamente, a Vargas Llosa le tocó viajar en la misma avioneta Twin Otter en la que viajaba el general Torrijos el fatídico viernes 31 de julio de 1981. Ese 31 de julio de 1981 fue un día normal en Panamá en nuestra temporada lluviosa. Era un viernes y la gente acaba de cobrar la quincena.  Los planes para el fin de semana era lo que estaba en la agenda de los panameños. Aparte de altos miembros del gobierno y de la Guardia Nacional, nadie en Panamá sabía que ese mediodía, la avioneta en la que viajaba el general Torrijos, había desaparecido.

El día siguiente, sábado 1 de agosto, amaneció normal, pero cerca del mediodía empezaron a circular  rumores de que Torrijos había muerto en un accidente aéreo. Eran tiempos en los que no había teléfonos celulares y las noticias viajaban lentamente. Lo que muchos no sabían que la noticia era cierta y ya se estaba anunciado en las emisoras de televisión y radio. Ese mediodía cayó un aguacero en la ciudad de Panamá lo que creó un ambiente un tanto sombrío. Para la tarde, ya todo el país sabía que la noticia era cierta.  Fue una noticia impactante por lo inesperada y por lo que representaba el general Torrijos quien, por 13 años, desde 1968, había dirigido los destinos de Panamá. Torrijos, era un hombre de 52 años y con el prestigio logrado con la firma de los Tratados del Canal llamados Torrijos Carter, se esperaba que permaneciera en el poder por muchos años más.

Para el 31 de julio de 1981, Panamá estaba atravesado por importantes cambios políticos.  A casi cuatro años de firmados los tratados Torrijos Carter el 7 de septiembre de 1977, el general Torrijos se había embarcado en un proceso democratizador después de 10 años de gobierno militar. Hubo cambios fundamentales como la formación de partidos políticos, y otros como la libertad de expresión.  En 1980 se fundó un diario de oposición, La Prensa.  La gente era incrédula y sospechaba de la sinceridad de ese proceso democratizador.   En ese entonces, Panamá tenía una población de casi dos millones de habitantes, de los cuales 400 mil vivían en la ciudad capital.

Sin embargo, este proceso democratizador iniciado por Torrijos tenía un propósito lógico.  Panamá no podía pretender administrar una obra de trascendencia e importancia mundial como el Canal de Panamá y no ser un país serio, responsable, con instituciones firmes y procesos claros. Era fundamental llevar a Panamá al sistema democrático para elegir en votaciones populares directas y libres al Presidente de la República y a los diputados o legisladores de la Asamblea Nacional.  Muchos panameños no creyeron en ese plan hacia la democracia y otros, no lo entendieron… ni siquiera muchos de los allegados a Torrijos, especialmente en la cúpula militar.

Ese proceso de transición hacia la democracia contemplaba el retiro de los militares a los cuarteles, algo que estaba previsto en el artículo 277 de la Constitución de 1972 que reconocía al general Torrijos, por el término de 6 años, el ejercicio de las funciones de Jefe de Gobierno. Esos 6 años se vencieron en octubre de 1978 cuando fue elegido el Dr. Aristides Royo, de 38 años, presidente de la república por el periodo 1978-1984. Esto fue un gran desafío inédito en la vida nacional.

Para el 1 de octubre de 1979, la Zona del Canal dejaba de existir luego de 76 años de estar controlada por Estados Unidos. Para este increíble acontecimiento histórico, le correspondió al presidente Aristides Royo representar al país en los actos que se realizaron en Albrook. Actos a los que no asistió el general Torrijos dejando perplejo a todos.  Lo cierto es que esta acción del general Torrijos fue coherente con el compromiso y la política de la transición democrática al dejar el histórico evento en manos de un civil, del presidente de la República.

Para 1981 el mundo estaba cambiando.  El presidente Reagan había reemplazado a Jimmy Carter en enero de 1981. Se gestaban nuevos conflictos en Centro América. Desde 1979 los Sandinistas había alcanzado el poder en Nicaragua tras una sangrienta guerra en la que Torrijos había influenciado. En Panamá, las protestas magisteriales en contra de la Reforma Educativa y los problemas políticos estaban desgastando al gobierno del presidente Royo. En medio de este ambiente complicado fallece inesperadamente el general Torrijos el 31 de julio de 1981. No demoraron los militares en alterar el orden constitucional y al año lograron la renuncia del presidente Royo, sembrando su autodestrucción al continuar derrocando presidentes sucesivamente hasta dejar el país en acefalía.

Sobre esta entrevista de Mario Vargas Llosa quisiera destacar unos párrafos que me parecen interesantes para conocer sobre la personalidad de Torrijos por provenir de Vargas Llosa, quien no tenía relación previa con el general Torrijos, y era un reconocido opositor de las dictaduras militares y las ideologías de izquierda.

Dice Vargas Llosa:

“... dije antes que era notoria su dificultad de expresión (refiriéndose a Torrijos), y la frase no es exacta. Dificultad para hablar en español fluido, correcto y gramatical, sí, pero no para hacerse entender ni para cautivar a un auditorio… (Torrijos) hacía un análisis, "que parecía exacto e inteligentísimo", de la situación mundial y de los avances estratégicos y psicológicos del comunismo en el mundo, para concluir, de pronto, que todo esto era "obra manifiesta del demonio", resultaba sumamente cómico, a la vez que instructivo.

“Y si de algo daba Torrijos la impresión era de estar libre de cualquier esquematismo doctrinario, de tener una visión de la realidad social condicionada por orejeras ideológicas de cualquier Índole. Su aversión a las formas se apoyaba, sin duda, en un rechazo natural de todo género de intelectualismo. En su caso, lo esencial parecía el instinto, el pálpito, la buena estrella y hasta la adivinación.”

“Una de las historias que refirió (Torrijos) y que retratan bien su pragmatismo concernía a uno de sus colaboradores durante su Gobierno. Era un marxista ortodoxo, pero inteligente y buen economista, y por eso le llamó. Algún tiempo después y hablando precisamente de los almacenes de Coclesito, que al principio fueron estatales le confesó: "En este pueblo nada funciona como en la teoría, mi General."  "¿Cambiamos el pueblo, entonces, muchacho?", preguntó Torrijos. "No, mi General; cambiamos mejor la teoría". "Vaya, ya estás aprendiendo.” “

“No le molestó en absoluto que le dijera que su caso era insólito, pues, a la vez que un buen amigo de la izquierda nacional e internacional, no se llevaba nada mal con la derecha.”

Y como responsable de Glosas y algo más continuaré relatando hechos históricos que ayuden a comprender el presente… analizando ese pasado interesante. Abrazos.