• viernes 29 de julio de 2011 - 12:00 AM

Primarias interpartidarias

Desde que la palabra de los políticos adquirió el valor de ‘nada’, han sido demasiados los ejemplos que han minado la ‘honorabilidad’ de...

Desde que la palabra de los políticos adquirió el valor de ‘nada’, han sido demasiados los ejemplos que han minado la ‘honorabilidad’ de los llamados a dirigir el destino del país. En las naciones donde el escrutinio público es estricto y blindado por el sistema jurídico, hay mayores restricciones para el descaro y la sinvergüencería. Pero vivimos en Panamá, así que nos toca afrontar y asumir la realidad tal como es, sin que ello nos quite la sonrisa y nos desanime por la clase politiquera que ha tomado de rehén a este país.

En los últimos años, las lealtades, el transfuguismo y el cinismo han sido el pan diario en las noticias de corte político que reciben los ciudadanos panameños cada vez que leen un periódico, escuchan radio o ven televisión. Las alianzas entre partidos han sido claves para la obtención del poder político, pero asombrosamente, desde el retorno de la democracia electoral en 1989, estos acuerdos han tomado un rol más personal que institucional, donde algunos dirigentes empeñan la voluntad de su membresía a cambio del interés propio. La ruptura del recordado ‘Pacto de Sonadora’, entre los perredistas Balbina Herrera y Juan Carlos Navarro, que a la postre terminaría en el desastre político del partido más grande y, alguna vez, más organizado de Panamá, es un ejemplo del grave daño que sufren las estructuras políticas en estos trueques.

Pero sin duda, la ‘pelea de perros y gatos’ que mantienen, en diferentes frecuencias, Cambio Democrático y el Partido Panameñista es la que abre al debate, la conveniencia o no de establecer reglas con mayor contenido democrático para efectos electorales. El 7 de marzo del 2007, durante labores de zafra bajo el intenso sol veraniego de Pesé, se dio el primer contacto serio de cara a lo que sería, a la postre, la alianza por el cambio, entre Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela. Un acuerdo sencillo y simple: el que marcara arriba en las encuestas, a falta de un año para las elecciones, encabezaría la nómina, el otro sería el candidato a vicepresidente, mientras que el primero apoyaría al segundo en 2014.

En la práctica, las cosas fueron diferentes, Martinelli marcó arriba, y Varela, en principio, desconoció el acuerdo hasta que durante una reunión en la embajada norteamericana se enrumbó la alianza por intensas presiones. Ahora, Martinelli desconoce su apoyo a Varela para el 2014, o por lo menos, el de su partido. En todo caso, con este panorama, es mejor una elección interpartidaria donde las membresías sean las que elijan, en lugar de darle esta opción a unos cuantos.

EL AUTOR ES PERIODISTA