- martes 20 de octubre de 2026 - 12:00 AM
Participación ciudadana: ¡Salvaguarda de la democracia!
Por qué en momentos de dificultad, el panameño se muestra relajado e indiferente ante ¿las malas decisiones de los gobiernos?. Desde hace rato nos venimos repitiendo que “la cosa está dura”, y sólo alcanzamos a rogar que los políticos resuelvan el problema. Pero nada pasa, y sobrevivir cada día se nos hace mucho más difícil.
Si todos nos quejamos, ¿por qué los gobernantes “no nos atienden? Haciendo un poco de historia, no olvidemos que la democracia llegó en 1989 en medio de pólvora y gritos inocentes, para reemplazar la dictadura. La sociedad prefirió clausurar ese capítulo, y seguir a ciegas a los “dirigentes civilistas”, en la marcha hacia la justicia y la libertad.
A partir de entonces, el poder que durante décadas se asentó en los fusiles, debería ahora apuntalarse en “el pueblo”, el que durante décadas sólo ha servido como “entusiasta votante”, arriados por los dueños de los partidos políticos.
De los tiempos de los discursos reivindicativos nacionalistas de los militares, caímos en la vulgar demagogia populachera de los líderes del civilismo, los que al creerse “los libertadores”, creyeron que la ciudadanía les perdonaría sus “travesuras y caprichos” de los gobiernos democráticos, que volver al militarismo.
La democracia relegó al ciudadano a un segundo plano, pues salvo excepciones, los gobiernos democráticos electos con el voto de “las mayorías”, de a poco se fueron liberando de sus compromisos, y revelaron sin disimulo sus preferencias hacia los poderosos. ¿Cómo llamaríamos a un sistema político habilitado para “parir” gobiernos comprometidos con los intereses de los ricos?
Los partidos políticos temen ser superados por las bases, así que no les interesa propiciar en sus filas, la activa participación de los ciudadanos. Pasa lo mismo con los órganos administrativos territoriales, en los que los Alcaldes, Diputados y Representantes controlan la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones comunitarias.
El derecho al voto no es síntoma de la buena salud de nuestra democracia. El comportamiento responsable de los ciudadanos apoyando propuestas y organizaciones políticas serias, provocará que los gobiernos cumplan con su compromiso constitucional de satisfacer con prioridad las necesidades de las mayorías. ¡No hay otro camino!