• martes 07 de febrero de 2012 - 12:00 AM

Para salir de la crisis

La labor de la oposición es fiscalizar al Gobierno, no cogobernar. Pero la situación con el pueblo ngäbe amerita el concurso de todos fr...

La labor de la oposición es fiscalizar al Gobierno, no cogobernar. Pero la situación con el pueblo ngäbe amerita el concurso de todos frente a un gobierno primitivo, cuya solución a todo es la compra o la fuerza.

Lo primero que tiene que reconocer el Gobierno del presidente Martinelli es que nadie le cree. Tantas promesas incumplidas y tanto ‘juega vivo’ ha generado un descrédito tal, que es muy difícil que la gente le dé el tiempo social entre el compromiso y el cumplimiento.

Para poder resolver la crisis con la comarca Ngäbe- Buglé, el presidente Martinelli debe destituir, por lo menos, a los tres ministros responsables: el ministro Papadimitriu, que firmó el acuerdo, el ministro Quijano, que no lo cumplió, y el ministro Mulino, que los reprimió. Luego debe proceder a retirar todos los componentes de la Fuerza Pública que participaron en la represión y liberar a los detenidos. Debe proceder a indemnizar a todos los afectados, de manera justa y expedita —no como lo que pasó con sus víctimas de Bocas del Toro— y a pedir nuevamente la mediación de la Iglesia. Con este nuevo ambiente y con nuevos ministros al frente del tema, debe cumplir con los compromisos y negociar las versiones finales de las leyes.

El Sr. presidente —que se jacta de ser un empresario exitoso— parece no saber lo que es una negociación. No sabe diferenciar una posición inicial de una posición definitiva. Si a usted le fueran a construir una hidroeléctrica en su tierra, sin pagarle nada, y para colmo usted no tiene electricidad, usted también se opondría a que se haga. Si, por el contrario, se estableciera una red eléctrica en la comarca, se pagaran regalías a los fondos de inversión comarcal y se hiciera la obra con un impacto ambiental mínimo, con protección a los recursos hídricos y con acceso al agua por los habitantes, el Gobierno no encontraría mayor oposición. El problema es que, al no tener credibilidad, van a tener que hacer la mayor parte de esto, antes de empezar una obra. Si, además, se estableciera que cualquier macroproyecto tuviera que cumplir primero con los cuatro balances —balance financiero, balance ambiental, balance social y balance moral— se podrían considerar otros proyectos siempre y cuando fueran aprobados o rechazados por el Congreso General. Si el presidente fuera más respetuoso de la dignidad de las personas y tuviera ministros menos prepotentes, nos hubiéramos ahorrado mucho dolor y malestar. Pero parece que lo que le gusta es la pelea.

EL AUTOR ES PRESIDENTE DEL PARTIDO POPULAR.