• sábado 04 de julio de 2020 - 12:00 AM

¡Para nada sorprende!

Aún estaba húmeda la tinta de la rúbrica presidencial que sancionó la Ley 156 que dispone medidas de alivio financiero 

Aún estaba húmeda la tinta de la rúbrica presidencial que sancionó la Ley 156 que dispone medidas de alivio financiero (moratoria hasta diciembre) para los prestatarios de los bancos, cuando sus voceros se dispararon, calificándola, desde, en general, como un peligro para el sistema bancario hasta de ‘precedente horroroso' contra la libertad privada de contratación. En verdad, no son ninguna de las dos cosas.

En primer lugar, tratar de vender la imagen de que los bancos y, especialmente las denominadas ‘empresas financieras' (casas prestamistas), son una beneficencia pública no convence ni a sus promotores. Los bancos y todas las instituciones que se dedican a prestar cobrando intereses son empresas comerciales creadas para producirle ganancias a sus propietarios. Eso para nada es criticable. ‘Nadie vende los huevos al mismo precio que los compra'.

La nueva versión de la ley, aprobada con las modificaciones motivadas por las objeciones de inconveniencia e inexequibilidad hechas por el Órgano Ejecutivo, es un texto balanceado y justo; y para nada pone en peligro el sistema bancario. Una lectura objetiva de su texto deja en claro que solo podrán acogerse a sus beneficios aquellos deudores que comprueben haber sido afectados, en su capacidad de pago, por los efectos de la pandemia.

Sin poner en duda que algunas instituciones bancarias puedan haber adoptado políticas de alivio para sus deudores, desde luego, no era conveniente que estos dependieran exclusivamente de la buena voluntad de sus acreedores. Esa posibilidad ha quedado, para bien, erradicada. Pero, además, haber incluido a las casas pre stamistas, que han proliferado hasta un total de unas 140 y que en la mayoría de los casos solo son intermediarias, con sustanciales ganancias, productos de los elevadísimos intereses que cargan, de recursos que, a su vez, han obtenido prestados, era, a t odas luces, necesario.

Finalmente, calificar como peligroso que por primera vez en 50 años se legisle, temporalmente, para proteger a los prestatarios es, como mínimo, absoluta demagogia, pues nunca antes, en esos mismos 50 años, se ha enfrentado una emergencia de las dramáticas características que hoy vivimos.

ABOGADO

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