Durante este mes que ya casi está por cerrar, hemos experimentado desde calor sofocante, hasta lluvias ligeras con asomo del Fenómeno del “Niño”, en cuanto al estado del tiempo se refiere, pero también repercusiones fuertes y aceleradas, producto de conflictos internacionales, que pegan directamente a nuestra economía, incrementando precios del combustible y el efecto dominó de costo alto de productos alimenticios, que encuentran un escenario dramático frente al nivel elevado de desempleo.
Y es que, en nuestro país, donde vivimos arranque prematuro de escenarios político-electorales, con figuras que actúan de cara al 2029, nos encontramos con una población que se debate entre el desgano y la incertidumbre, pero también entre la esperanza por sustanciales cambios de rumbo, que permitan dinamizar la economía con acceso a fuentes de empleo, productos más asequibles, así como buenos servicios de salud, educación, recreación y deporte, entre otros.
Aplaudimos los esfuerzos por visualizar a Panamá como marca país y todo aquello que sume como turismo, agro, sostenibilidad, eventos internacionales teniendo como casa a Panamá. Tal es el caso de los IV Juegos Suramericanos de la Juventud, evento deportivo multidisciplinario que acogió a representantes de un número importante de países y teniendo a Antón como mascota, en la figura de una rana dorada, símbolo de la biodiversidad del país y del espíritu alegre, enérgico y entusiasta de los panameños.
Así las cosas y teniendo presente a la ranita Antón como parte de un envidiable ecosistema, en Panamá somos resilientes y como tal encontramos fuerza en la naturaleza. La invitación es permanente para repensar sobre temas varios y el valor a la tierra como casa común y base de la humanidad, que clama por cuidado, tomando en cuenta que dependemos de ella y no lo contrario.