• viernes 03 de enero de 2020 - 12:00 AM

Orden de prioridades

Con luto y dolor los residentes de Altos de Las Acacias recibieron el nuevo año. 

Con luto y dolor los residentes de Altos de Las Acacias recibieron el nuevo año. Una de sus familias tuvo pérdidas irreparables, cuando al arder el hogar donde vivían, tres de sus miembros se calcinaron mientras dos menores y una mujer están hospitalizados producto del siniestro.

Los vecinos reportaron demora en la respuesta por parte de las autoridades de emergencias, específicamente, los bomberos. La angustia que relataron los residentes próximos al incendio, evidencian la desesperación por tratar de romper las pareces a punta de mazos para rescatar a sus vecinos, que, entre gritos y desesperación, sintieron la ausencia de quienes debieron estar en instantes, debido a la hora en que se dio el llamado.

Es inaudito lo ocurrido, sobre todo, porque este país cuenta con el presupuesto per cápita más robusto de la región. Nuevamente, la corrupción y la falta de criterio a la hora de medir las necesidades, aunado al mediocre sistema educativo, hacen que el subsidio de jamones de navidad sea mejor opción política, que invertir en seguridad pública y social de forma integral y efectiva.

El problema es cómo se eligen a los gobernantes y las condiciones en que se hace. No es lo mismo elegir a un presidente y al resto de los puestos de elección popular el mismo día, que hacerlo de forma escalonada, sopesando los degastes de la administración para que el ciudadano pueda ir haciendo los ajustes correspondientes.

La renovación total del gobierno cada 5 años produce una sensación de borrón y cuenta nueva, así como el sometimiento del resto de los poderes del Estado ante el Ejecutivo.

La tragedia de Altos de Las Acacias pudo ser solo un hecho de pérdida material, si las autoridades responsables de atender las emergencias funcionaran correctamente. En unos minutos menos de respuesta, pudo estar la diferencia y el destino de esta familia.

Hasta cuándo nuestras prioridades como país seguirán en función del razonamiento populista, alimentado por el irracional y decadente sistema educativo panameño.

PERIODISTA