• miércoles 01 de abril de 2026 - 12:00 AM

Merienda: estamos llenando panzas

Por: Javier Baldeolivar

Mientras el discurso habla de “invertir en el futuro”, la realidad en las escuelas cuenta otra historia. Como nutricionista, no puedo callar ante lo que es un atentado a la salud: suministrar galletas y leche azucarada como parte de la alimentación escolar. No estamos nutriendo mentes; estamos “llenando la panza” con ultraprocesados de bajo costo.

Aceptar que una galleta y un vaso de leche con contenido de azúcar son una “merienda” es ignorar la ciencia. Al darle a un niño estos ultraprocesados refinados, su cuerpo recibe una bomba de azúcar que provoca un pico de insulina seguido de una caída brusca de energía. Esto no es energía real; es un golpe al metabolismo que deja al estudiante cansado y sin capacidad de concentrarse apenas treinta minutos después de comer. Son, literalmente, calorías de cartón.

Otro detalle es el costo de este “engaño”. Se invierten 29.6 millones de dólares en productos que sabotean la salud: 16 millones en leches con hasta 8 gramos de azúcar; 9 millones en galletas con 5 gramos de azúcar; y 4 millones en cremas que aportan otros 5 gramos. Estamos pagando millones por suministrarle a un niño un cóctel de azúcar que dispara su riesgo metabólico antes del recreo.

Este sistema se mantiene por la “ley del menor esfuerzo”. Es más fácil para el gobierno repartir cajas de galletas que organizar una logística para ofrecer huevos, carnes o frutas de nuestros productores locales. Pero la comodidad oficial no justifica la falta de fibra y proteínas de calidad. Estamos criando una generación con exceso de peso, pero crónicamente desnutrida, alimentando la epidemia de obesidad y diabetes en nuestro país.

Si la educación es un derecho, la buena alimentación debe ser su columna vertebral. Seguir llamando “merienda escolar” a este suministro es una falta de respeto a la dignidad del estudiante panameño y su familia. Es urgente que el MEDUCA deje de contar calorías vacías y ofrezca comida real. El futuro de Panamá no se construye con azúcar, sino con salud.