Lo justo siempre ha sido importante en mi vida. Cuando estoy frente a una situación que según mi juicio de valores no está conforme a la justicia, se produce dentro de mí un malestar que puede llegar a la categoría de ira.
Reflexionando sobre la intensidad de las emociones que surgen en mí, investigué que estas tienen un fundamento antropológico, nacen mucho más allá de comportamientos conscientes.
Frans de Wall (1948-2024), primatólogo y etnólogo de origen neerlandés, demostró que los animales no son egoístas ni criaturas meramente instintivas, y que la empatía, la cooperación y el sentido de justicia tienen raíces profundas.
Según Waal, la moralidad evolucionó porque la cooperación era indispensable para la supervivencia.
Mediante su experimento de la uva y el pepino con chimpancés, demostró que los animales sienten aversión a la inequidad. En este experimento, le dan un pepino a un chimpancé y una uva (con mejor sabor) a otro. El mono que recibe el pepino, al ver la injusticia, se enfurece y le lanza el pepino al investigador.
Este científico, después de años de estudio, afirmó: «La justicia no es un invento humano, es una herramienta de sobrevivencia que compartimos con nuestros parientes más cercanos»,
¿Cuándo el sentido de justicia humano involucionó y llegó a hacerse subjetivo?
Esto ocurrió cuando dejamos de ser cincuenta personas en una cueva para convertirnos en millones de ciudades y la objetividad fue perdiendo terreno ante la subjetividad. Esto pasó cuando el interés grupal perdió terreno ante el interés individual. Aquí importa quién es el sujeto de derecho y en qué situación se encuentra. Al estudiarlos, hoy sentimos mayor admiración por los animales.