• martes 16 de mayo de 2017 - 12:00 AM

La magia de los juegos de antaño

En la mochila de un niño de ciudad, encontraremos micrófonos, llavero, ‘usb's', la cadena de la ‘bike', la tarjeta de metrobús.

El infante de ayer y hoy se sirve del juego, para conocer el mundo, y moldear su personalidad. Los niños serán siempre niños, sea que lo veamos con un aparato electrónico o con un ‘trompo' en la mano, y con algo de imaginación, terminan disfrutando de momentos muy divertidos.

Recordar aquellos tiempos, es retrotraer el tiempo a los juegos de ‘bola', de guerrilla bate; los interminables horas de ‘compañerito pío pío' o de la lata', o jugando ‘bolsita', hasta que llegaba ‘la batida' (la policía), y le ponía fin al derrocha. En el campo, ocurría otro tanto: la pesca en el río, recorrer los potreros en las ‘bicherías', y en esas noches oscuras, escuchar ‘cuentos de miedo' inventados y narrados por los ancianos del pueblo.

En la mochila de un niño de ciudad, encontraremos micrófonos, llavero, ‘usb's', la cadena de la ‘bike', la tarjeta de metrobús, y el celular de moda, suplidos amorosamente por sus padres, para asegurarles la supervivencia y aceptación del grupo. En el de ayer, una patineta de madera, un par de canicas, ‘un biombo de liga viva, ‘un soldadito', unos platillos, y hasta un depósito de botella (tiquete). Eso sí; de seguro una buena rejera, si resultaba ser ajena, alguna de esas valiosas piezas.

Los niños de la calle quisieran haber tenido muchos juguetes, pero ya a esa corta edad, muchos entendieron que ‘si no hay, pues no hay'. El niño de hoy, crece convencido por sus padres de que todo lo merece, sin esforzarse mucho. Si no aprendió a jugar en grupo, le cuesta compartir; si se encerró para jugar ‘pleiteichon', le será fácil vivir aislado de la sociedad. Y como todo lo recibió para calmar sus ‘pataletas', exigirá todo, sin tener que dar nada a cambio.

Si aspiras que tu hijo adoptevalores útiles, entonces cómprale balones para que socialice, y si cae y se ‘pela' las rodillas, a fuerza del dolor forjará su carácter. Yo inventé un mundo fantasioso, que frecuento desde entonces. Allí conviven la esperanza, el sufrimiento y el valor. De vez en cuando vuelvo él para recordar, que hay que luchar porlo quese quiere.

Abogado y docente