• miércoles 31 de agosto de 2011 - 12:00 AM

La locura de ser el partido más grande

En los últimos años se está dando una competencia descarnada por ser o convertirse en el partido más grande del país, lo cual no es malo...

En los últimos años se está dando una competencia descarnada por ser o convertirse en el partido más grande del país, lo cual no es malo en sí mismo, sin embargo, cuando esto se convierte en esquizofrénico hay que preocuparse.

Los estadistas en Panamá en esa materia no engañan, pues para triunfar en las elecciones no se necesita ser el partido con mayor cantidad de adherentes, y la prueba más fehaciente es el actual gobierno de CD, que con solo cien mil inscritos ganó las elecciones del año 2009 y la bancada con más miembros, el PRD, no sacó siquiera los votos de todos los que dice tener.

Quienes nos gobiernan, en su afán de ser el partido con más adherentes, no se dan cuenta de que mientras más grande es el árbol, más ruido hace al caer y que seguramente la mayoría de los que se inscribieron el 27 y 28 de agosto hacen parte de esa población flotante que se cambia o inscribe en un partido buscando la subsistencia, un puestito de trabajo, un tanquecito de gas, una beca, etc. Es decir, son aquellos que en este gobierno son CD y en el próximo, del que gane.

Todo parece indicar que la carrera electoral arrancó y con mucho tiempo de antelación, al menos ahora les debió quedar claro a los arnulfistas que en el 2014 irán solos con su candidato, ya que el mismísimo Martinelli les dijo que los CD llevarán el suyo, olvidando lo que había acordado con Varela. Si los arnulfistas quieren ir en mancuerna con CD, tendrán que conformarse con ser nuevamente los segundones. Ahora que tienen peso propio le dan un puntapié a quienes les rogó en el 2008 para que fueran aliados, después de haberles dicho de ‘burro’ para arriba.

Es más, ya les advirtieron que si al final del periodo los dos partidos están más o menos parejos en membresía, tendrán que ir a las interpartidarias. El Presi se las trae y los arnulfistas soportarán algunos ‘insultitos’ más porque un gran número de sus miembros, militantes, convencionales, etc., dependen del puesto en el gobierno como si no supieran hacer nada más que estar sujetos a los sueldos gubernamentales. Parece que no hubiera ni principios ni valores que lleven a un partido a actuar con dignidad y decoro. Los arnulfistas están entre la muela y la quijada, y deben actuar pronto, ya que por todo lo que se ve, la corriente está a su favor. Es el momento de despecharse.

EL AUTOR ES EL SECRETARIO GENERAL DE LA CGTP