• martes 29 de noviembre de 2011 - 12:00 AM

La Pollera

En este Mes de la Patria cada ciudad celebra su fecha de adhesión a la Independencia, sea de España en 1821 o la separación definitiva d...

En este Mes de la Patria cada ciudad celebra su fecha de adhesión a la Independencia, sea de España en 1821 o la separación definitiva de Colombia en 1903. El 5 en Colón, el 8 en Las Tablas, el 9 en Chitré y en Santiago, el 10 en La Villa de Los Santos, el 28 en la Chorrera y así en cada población principal, se entremezclan las fechas de celebración en conmemoración a esos dos años de definición de la panameñidad. Así como el 4 de Noviembre es el ‘Día de la Bandera’ es natural que los tableños hayan escogido otra fecha de noviembre para celebrar a nuestro traje nacional: la pollera.

Nuestra pollera ha sido reconocida como el traje nacional más bello del mundo. Pero no solo es un ajuar hermoso, sino que la pollera embellece a la mujer que se la ponga. No importa si es una niña de tres añitos o una señora que disfruta su tercera edad, con una pollera completa todas se ven como reinas.

Desde el tejido de sus ropas interiores a la espléndida manualidad del ‘talco’, pasando por la fina orfebrería para producir cada una de las piezas de oro que adornan a la empollerada y los exquisitos trabajos en perlas y escamas de los tembleques, armar y plisar una pollera es un amoroso arte que exalta el alma de la Patria. Pero no menos elaborado es el proceso de vestir a la empollerada, desde el peinado y el maquillaje, a la puesta de cada pieza del atuendo, hasta la colocación de cada una de las joyas de oro y perlas que le dan ese carácter de realeza a nuestras reinas y princesas empolleradas. Pero toda esta preparación es solo la antesala para el disfrute de un evento extraordinario: ver a la empollerada lucir su ajuar con donaire y coquetería. Con sus rítmicos movimientos de vaivén, las polleras parecen flamear al viento cual enseña patria y sus perlas y escamas producen un arcoíris de colores al refractar la luz sobre el lienzo nacarado de sus superficies, las peinetas y adornos de oro refulgen cual coronas en noble testa, los labios rojos enmarcan perladas sonrisas que invitan al beso más apasionado, pero son los ojos vivaces y coquetos que se esconden tras modestos párpados sombreados, los que le arrebatan el corazón al panameño que los mire. Ver a mil empolleradas lucir con donaire la belleza de nuestro traje nacional hace que uno ame a su Patria con más pasión. ¡Viva Panamá!

EL AUTOR ES PRESIDENTE DEL PARTIDO POPULAR