Mi escuela primaria la pasé en la Escuela República de Perú entre el barrio de Barraza y el Chorrillo. Niños y jóvenes pobres de los barrios cercanos. Tuvimos buenos maestros.
La escuela secundaria en Don Bosco con título de Tipógrafo Prensista. Luego me fui a las secundarias nocturnas para terminar mis estudios de Bachiller: Instituto Moderno y Nicolás Victoria Jaén. Todos éramos estudiantes adultos. Pasé a la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá, donde no terminé mi carrera de abogado, quería tomarme el poder político, junto a otros compañeros de mi generación. De 1973 a 1974, me fui a trabajar de maestro y profesor en el Primer Ciclo Nele Kantule en la isla de Ustupu, acompañando a las misioneras franciscanas que dirigían el primer ciclo y a petición de ellas por miedo a los comunistas del patio. Fundamos en 1971 el Círculo Camilo Torres, luego el Círculo de Acción Nacionalista y por 4 años dirigimos el Centro de Estudiantes de Derecho (CED), vanguardia estudiantil combativa contra los gobiernos de turno: 1971-1984. Luego en 1982, fundamos el Partido Nacionalista Popular (PNP) para “tomarnos el poder”. Fracasamos.
Este recorrido breve es para manifestar mi presencia política en el mundo educativo, cívico y político.
En 1979, acompañamos a los educadores en su lucha por el mejoramiento salarial primero y luego contra la manipulación ideológica de la educación impuesta por el gobierno. Torrijos con la presión encima, desmanteló la tal “reforma educativa”.
Desde entonces ningún gobierno ha querido enfrentar el reto de modernizar la educación panameña. Cada día, los panameños sentimos que la escuela panameña es un fracaso. Cada gobierno que sube inventa soluciones que el nuevo que llega cambia lo cambiado para dar como resultado nada. Desde 1979, los gremios de la “gran marcha” del 9 de octubre, como sus opositores, no han logrado presentar una nueva iniciativa de reforma educativa democrática y científica donde el pueblo panameño tenga fe que con ella la muchachada estudiantil salga mejor preparada.
Vengo conversando desde hace tiempo con muchos panameños con las mismas preocupaciones. Los muchachos cancanean para leer y no entienden lo que leen. Escriben y escriben mal. No educamos para pensar sino para salir del paso con un pedazo de certificado. Las universidades públicas y privadas en 47 años han sido incapaces de presentarle al país un programa de reforma educativa innovadora. ¿Incapacidad, pereza o falta de compromiso nacional?
Sin una buena educación no tendremos país, podemos tener comercio y comercio fenicio, de aventureros criollos y extranjeros.
Un reto para el gobierno de Mulino como lo es también la creación de empleos con la inversión pública y privada para que llegue el chenchén. Un gran reto de la sociedad panameña. Ayer y antes de ayer tuvimos una mejor escuela a pesar de la pobreza y los bajos salarios de los maestros y profesores.
Vamos todos a trabajar en un “revolcón de la escuela panameña” para salir de la pobreza material y de la miseria moral.