Ni adentro ni afuera de la Asamblea es secreto las fricciones que vienen creciendo entre el cabecilla de Los Vamos, que está en el norte, y el jefe del Legislativo, que llegó al poder por una jugada de los chiquillos que canjearon un rosario de promesas por votos. Han sido varios golpes seguidos los que han abonado los motivos de la ruptura; el más reciente, un escándalo de las planillas en el grupo de los diputados independientes.
El jefe de la Asamblea se mantiene distanciado del lío que se ha formado entre el ente fiscalizador y los diputados que tienen a los empleados bajo la figura de licencia sin sueldo; es decir, tienen empleo, pero no reciben pagos.
Desde la Avenida Balboa mandan mensajes y señales de que eso era un festín de fondos públicos, mientras que los diputados dicen que los empleados trabajaban y acudían todos los días a la Asamblea.
Tampoco es un secreto que hay empleados en ese órgano que no tienen funciones; es una historia de vieja data que se resiste a morir.
Otra de las promesas incumplidas fue el nuevo reglamento interno. Lo poco que se avanzó, y a regañadientes, fue más bien para decir que estaban haciendo algo sobre ese tema.
Los gladiadores todavía están en el ring, eso significa que el combate no ha terminado.