- domingo 13 de septiembre de 2026 - 12:00 AM
El lunes 7 de septiembre conmemoramos los 49 años de la firma de los Tratados Torrijos – Carter; tuvimos casa llena, pero más importante que llenar un salón fue ver distintas generaciones reunidas para hablar de nuestra historia y, sobre todo, de nuestro futuro.
Esta vez quisimos escuchar a los jóvenes. En la Siembra de Banderas fue orador Anel Omar y en las intervenciones centrales participaron Leonel, Edmavi y Rómulo. No fueron convocados para repetir lo que ya conocemos, sino para decirnos qué representa para su generación, aquella conquista histórica que permitió que Panamá recuperara plenamente su Canal y su soberanía; y fueron claros: “La conquista de Torrijos fue territorio y soberanía; la conquista de la nueva generación es garantizar confianza en la institucionalidad y valores”.
Me quedé pensando en esas palabras, porque cada generación tiene sus propias luchas. A la generación de Torrijos le correspondió luchar por la soberanía; a esta le corresponde recuperar confianza y credibilidad, ser coherente entre lo que dice y lo que hace, reconocer lo que hemos hecho mal y prepararse para no repetir nuestros errores.
Los jóvenes también hablaron de relevo generacional, pero dijeron no puede significar cambiar a una persona mayor por una más joven; el verdadero relevo requiere formación, valores, responsabilidad, coherencia y oportunidades para tomar decisiones.
Otro legado de Omar Torrijos es entender que ningún dirigente debe sentirse dueño eterno de una posición y que debemos preparar a quienes vienen surgiendo. Desde hace veintiséis años, el Canal está en manos panameñas; esa conquista pertenece a nuestra historia, pero esta no puede convertirse solamente en recuerdo; ahora corresponde a las nuevas generaciones escribir la suya. Y quizás su mayor conquista sea algo igualmente difícil: recuperar la confianza de la gente en la política.
Los jóvenes nos dejaron mensajes claros y directos: gratitud por quienes abrieron el camino, pero también el compromiso de continuar. Nos recordaron que los valores y los principios no se proclaman; se practican cada día, con coherencia, responsabilidad y ejemplo.
Gracias, jóvenes, las puertas de esta casa siempre estarán abiertas para ustedes, para escucharlos, acompañarlos y construir juntos el futuro que merecemos.