[Cuento] Raíces

  • domingo 13 de septiembre de 2026 - 12:00 AM

Era un soleado mes de agosto cuando la familia de Sofía viajó de regreso a Panamá. Venían de lejos y estaban emocionados por conocer aquel pequeño país rodeado de dos océanos.

—¡Qué hermoso es Panamá! —exclamó mamá al bajar del avión. Sofía, que había nacido allí, sonrió. Para ella, muchas de aquellas maravillas eran parte de la vida cotidiana.

Un día visitaron Panamá Viejo y escucharon la historia de aquella ciudad que cada 15 de agosto nos recuerda nuestras raíces. Después visitaron el Canal de Panamá y quedaron sorprendidos al descubrir cómo aquella gran obra une mares, pueblos y culturas.

—¡Qué orgullosos deben sentirse de haber nacido aquí! —dijo uno de los visitantes.

Sofía se quedó pensando. ¿Orgullosa? Quizás había olvidado mirar su país con los mismos ojos maravillados de quienes lo visitaban por primera vez.

Entonces comprendió algo: a veces necesitamos que alguien de afuera nos enseñe a mirar con amor lo que tenemos cerca.

Desde aquel día, Sofía comenzó a compartir con su familia cada rincón de Panamá con nuevos ojos. Juntos aprendieron que una patria no solo se construye con grandes obras, sino también con familias unidas, amor, solidaridad y momentos compartidos.

Y mientras contemplaban el atardecer sobre el Canal, Sofía abrazó a su familia y dijo: —“Ahora entiendo que Panamá no es solamente el lugar donde nací. Es un tesoro que debemos amar, valorar y compartir.”

Porque cuando conocemos nuestra historia, compartimos con amor y caminamos unidos, descubrimos que ser panameños es un verdadero orgullo.