• domingo 25 de enero de 2026 - 12:00 AM

La adversidad no rompe a los partidos, los define

Hay momentos en la vida política en los que no basta con administrar estructuras ni repetir consignas, lo primero es reconocer la realidad sin sesgos, comprendiendo que detrás de cada derrota electoral hay personas, historias, cansancio y preguntas legítimas que no pueden ser ignoradas.

El partido atraviesa esta etapa desde hace veintidós meses, cargando el peso político de haber sido la fuerza gobernante en el período anterior, además de una veintena de dirigentes locales sometidos a procesos judiciales, algunos privados de libertad; es una realidad humana que exige responsabilidad, prudencia y respeto.

Sabemos que muchos se han sentido cansados, confundidos o incluso heridos, que hay militantes que dudan, que preguntan, que resisten, que están en el colectivo, esperando señales claras de conducción y de proyecto país; expresar este sentimiento no debilita al partido, lo dignifica.

Este conjunto de factores ha generado presión externa, desgaste interno y desconfianza social, negarlo sería un error, reconocerlo es un acto de madurez política.

En ese contexto, asumir el compromiso de entrega en 20 meses un partido organizado y funcional al Congreso Ordinario Nacional, no es una promesa vacía; es una responsabilidad verificable, asumida sin la ventaja del poder institucional, sin recursos extraordinarios y bajo escrutinio público permanente. No miramos atrás con nostalgia ni justificamos errores, estamos reconstruyendo desde el presente, con la mirada puesta en el futuro; preservando la institucionalidad y el funcionamiento básico del colectivo en tiempos de derrota política, desgaste humano e incertidumbre social.

Uno de los mayores desafíos de este proceso es la coordinación de corrientes internas diversas. La pluralidad no es una debilidad, es un rasgo estructural del partido, que exige reglas claras, conducción colegiada y acuerdos mínimos compartidos. Hablar con todos los sectores no divide ni compite, nos permite escuchar, ordenar y cohesionar; es una responsabilidad política colectivaque debemos asumir.

Reorganizar el partido en la adversidad exige serenidad y respeto al colectivo, nos corresponde reconstruir sin la comodidad del poder, anteponiendo el interés institucional al conflicto, la conducción colectiva a la imposición y la rendición de cuentas al silencio.

Porque es en la adversidad donde se mide, sin atajos, la verdadera estatura política.