No es un secreto que miles de profesionales intentan cada año ingresar al sistema de educación oficial, concretamente a las escuelas del Meduca. Y tampoco es un secreto que, en ese proceso, se presentan situaciones que quiebran las normas, como la falsificación de los documentos requeridos por los aspirantes.
A lo largo de los años, este proceso ha ido cambiando, pero ciertas irregularidades persisten. Recientemente, las autoridades acudieron a la fiscalía para denunciar hechos que están fuera de la ley y que, de comprobarse, acarrearían penas para quienes se atrevieron a cruzar la línea en busca de un beneficio —el empleo—, así como para aquellos que facilitaron los trámites.
Sin mencionar nombres, debido a la etapa en que se encuentra la investigación, solo se han revelado algunos detalles sobre los supuestos involucrados. A medida que avancen las fases del proceso, quedará al descubierto quiénes eran estas personas que intentaron burlar las buenas prácticas para obtener un puesto.
Lo anterior conduce a una pregunta inevitable: si esos controles no hubiesen detectado estas anomalías y esos funcionarios hubiesen ingresado al sistema, ¿qué tipo de enseñanza —y de modelo, considerando que también se aprende mediante la observación— habrían recibido los alumnos?