El amor digital también tiene trampa

  • lunes 25 de mayo de 2026 - 12:00 AM

Después de los 50, muchos creen que el amor se jubila, que las mariposas en el estómago se convierten en pastillas para la presión y que los corazones solo laten por los nietos. Pero no. En pleno 2026, miles de hombres y mujeres descubren que todavía pueden enamorarse... y todo comienza con una solicitud de amistad en Facebook.

Hay solteras que vuelven a sonreír gracias a un compañero de escuela que reapareció después de 30 años. Hombres divorciados que pasan noches enteras revisando el perfil de una antigua novia. Mujeres que aprendieron a usar emojis solo para responderle al “caballero amable” que les comenta las fotos con flores y corazones. El amor maduro encontró en las redes sociales una segunda oportunidad.

Facebook se convirtió en la plaza pública sentimental de los mayores de 50. Allí se reencontraron amores perdidos, compañeros de barrio, amistades de juventud y personas que creían cerrada para siempre la puerta del romance. Ya no hace falta ir a un baile típico ni esperar las fiestas patronales para conocer a alguien. Ahora basta un mensaje privado que diga: “¿Te acuerdas de mí?”.

Pero cuidado. El amor digital también tiene trampas. Muchas personas mayores se ilusionan demasiado rápido con perfiles que parecen perfectos. Algunos esconden matrimonios, otros buscan dinero y no faltan los expertos en seducir con palabras bonitas mientras juegan con varios corazones al mismo tiempo. En tiempos de redes, el visto, los silencios y las fotos sospechosas también generan celos después de los 50.

Sin embargo, algo hermoso ocurre en esta etapa de la vida: la gente ama distinto. Con menos drama y más sinceridad. Ya no buscan cuentos de hadas ni promesas imposibles. Buscan compañía, conversación, alguien que pregunte cómo amanecieron o con quién tomarse un café un domingo por la tarde. Y eso, aunque algunos se burlen, sigue siendo amor.

Muchos hijos se sorprenden cuando descubren a mamá tomándose selfies o al abuelo pendiente del celular. Pero detrás de esas pantallas hay personas que todavía sienten, sueñan y desean ser importantes para alguien. Porque el corazón no envejece al mismo ritmo que el cuerpo.