Ir a un centro de salud suele ser una experiencia que muchos ciudadanos pueden recordar con facilidad, levantarse temprano, hacer largas filas, ventanillas congestionadas y un trato que, en ocasiones es grosero e inhumano y que se repite de manera casi idéntica en todo el país, convirtiéndose en una queja recurrente entre los usuarios del sistema de salud pública, esta percepción no se forma únicamente a partir de su infraestructura o de las capacidades médicas, sino de la atención que ofrecen al público, para el paciente, la experiencia comienza mucho antes de consultar al médico, inicia en la entrada, en la manera en que es guiado, escuchado y tratado.
Es en ese punto donde las relaciones públicas tienen un papel crucial y, en muchas ocasiones, subestimado, es necesario contar con personal capacitado que pueda informar con claridad, atender quejas, ofrecer respuestas oportunas y humanizar el servicio cuando esto no funciona, la percepción negativa se amplifica y se fortalece a través de redes sociales, conversaciones diarias y medios de comunicación, las quejas frecuentes marcan la deficiencia en la comunicación, la organización y el trato respetuoso, el paciente no solo busca un buen servicio de salud, necesita ser tratado con respeto, que se le oriente de forma adecuada, abordar este tema es un aspecto vital para volver a ganar la confianza de una comunidad que merece ser atendida con dignidad.