- miércoles 05 de octubre de 2022 - 12:00 AM
Si no se va a hacer bien, no se hace
En una clase donde abordábamos el tema de las creencias que nos limitan para ser felices y crecer, una persona dijo que su mamá le había enseñado el lema «Si no se va a hacer bien, no se hace». Examinemos el alcance de esta frase: por un lado, llama a hacer las cosas con esmero y dedicación; por otro, puede llevar implícita la trampa del perfeccionismo, que limitaría nuestro proceso creativo o de materialización de una meta u objetivo de vida.
Caemos en la trampa del perfeccionismo cuando nunca estamos satisfechos con lo que hacemos o creamos. Hacemos algo, lo deshacemos y lo hacemos nuevamente, hasta dañarlo, y sufrimos dentro del proceso, porque no quedó perfecto.
El perfeccionista tiene puesto su criterio de valoración en los demás, no en sí mismo, y eso limita su proceso de desarrollo. Las raíces de este comportamiento están vinculadas a la crianza. Hogares demasiado exigentes y críticas fuertes y crueles pueden generar perfeccionistas insatisfechos.
No hay nada malo en querer hacer las cosas bien y querer crecer y mejorar cada vez más en nuestro trabajo, creación u oficio. Para eso, debemos ser pacientes y practicar hasta alcanzar pequeños logros que se convertirán en grandes. Aceptemos que, para hacer algo bien, primero lo haremos no tan bien hasta que, con la práctica, vaya mejorando, estemos satisfechos con nosotros y sintamos bienestar.
Ser felices en el proceso es un objetivo positivo. A veces, ponemos demasiada importancia en el resultado, sin prestar atención al tiempo que nos lleva el proceso: equivocarnos y encontrar la salida, la magia de sorprendernos por el descubrimiento, que genera aprendizaje.
ABOGADA, MEDIADORA, COACH