• viernes 06 de noviembre de 2026 - 12:00 AM

Giro a la izquierda

No se trata de derechas ni de izquierdas, sino del grado de institucionalidad de un Estado. Esta semana, el Partido Republicano sufrió un duro revés electoral en Estados Unidos, mientras los demócratas conquistaron el control del Congreso. El sistema estadounidense permite que, a mitad del mandato presidencial, los ciudadanos reequilibren mediante las urnas la correlación de fuerzas políticas, tanto en Washington como en distintas gobernaciones.

El Partido Demócrata reúne corrientes diversas, algunas claramente inclinadas hacia la izquierda. Precisamente de eso se trata la democracia: de permitir que los ciudadanos escojan cómo conducir su nación, administrar los recursos públicos y definir las prioridades sociales, sin que las diferencias ideológicas representen necesariamente una amenaza para la estabilidad institucional o la convivencia democrática.

La economía, las transformaciones sociales y las circunstancias políticas determinan las preferencias del electorado en cada período. La Tierra gira constantemente sobre su eje; pretender mantener políticas inalterables en un mundo cambiante resulta sencillamente absurdo.

La nueva ola de la derecha latinoamericana enfrenta sus primeros choques con el realismo político, quizás producto de una prolongada ausencia del poder. La radicalización discursiva que la hizo atractiva contrasta ahora con su capacidad para ofrecer resultados tangibles. En ocasiones, sus dirigentes piden paciencia y sacrificios sin considerar las condiciones económicas, culturales y sociales de nuestros pueblos.

Paraguay ofrece una advertencia particularmente inquietante. La renuncia del presidente Santiago Peña, en medio de la crisis provocada por la intervención de Ueno Bank, refleja el costo político de los cuestionamientos sobre los vínculos entre el poder y los intereses privados. Las investigaciones deberán establecer responsabilidades, especialmente respecto del manejo de recursos públicos.

Gobernar exige mucho más que ganar elecciones o pronunciar discursos encendidos. Requiere instituciones sólidas, transparencia, sensibilidad social y resultados capaces de sostener la confianza ciudadana.

Si la derecha continúa confundiendo firmeza con radicalismo y paciencia con resignación, pronto volveremos a ver a los bolcheviques marchando por las avenidas latinoamericanas, celebrando victorias y prometiendo transformaciones que, como siempre, beneficiarán a unos y perjudicarán a otros.