El mensaje del 2 de enero, pronunciado por el Presidente José Raúl Mulino ante la Asamblea Nacional, fue un mensaje político voluntario al país; cuando un mandatario habla a la Nación fuera de la obligación constitucional. En Panamá es obligatorio que el Jefe del Ejecutivo rinda cuentas el 1 de julio de cada año; en esta ocasión el mensaje de inicio de año adquiere un significado especial, tanto en contenido y el tono, porque se informa, se orienta, se escucha y se debe conectar con la audiencia.
El Presidente optó por un discurso, directo y cargado de resultados; habló de orden, control de la migración irregular por el Darién, disciplina fiscal, reducción del déficit, preservación del grado de inversión y de decisiones impopulares pero, según su visión, necesarias. Reivindicó la acción de las fuerzas de seguridad y la idea de “terminar lo abandonado” antes de iniciar nuevos proyectos; fue un mensaje con una visión claramente presidencialista del poder.
Desde una mirada ciudadana, el discurso dejó vacíos importantes. La firmeza no siempre va acompañada de empatía. Se habló mucho del Estado, de cifras y de decisiones, pero poco de las personas que viven las consecuencias diarias de la crisis económica, del desempleo, del alto costo de la vida y de la incertidumbre social. Faltó la humildad en reconocer errores; explicar con mayor sensibilidad el momento que atraviesan las familias; y tender puentes hacia quienes no se sienten parte del país que él describió.
La democracia se debilita cuando la autoridad se ejerce sin diálogo. Gobernar no es solo ordenar; también es escuchar y comprender; la ciudadanía espera resultados, no confrontación innecesaria; espera verdad, pero también cercanía; espera liderazgo que una, no que divida.
El mensaje a la Nación debe servir para algo más que enumerar logros; debe ayudar a que la gente se sienta parte de un proyecto común y a que se sepa con claridad hacia dónde vamos y con qué prioridades.
Cuando en la política se habla con honestidad, incluso en los momentos difíciles, recupera sentido, credibilidad y vuelve a acercarse a la gente; siendo este último, el mayor desafío.