- jueves 29 de septiembre de 2011 - 12:00 AM
Exijamos acumulación de penas
Medio muertos por el dolor y el frío de la lluvia, el 21 de septiembre caminó el pueblo en La Chorrera, mientras en la Cámara de Diputados entraban a cuestionar si la pena de muerte debe o no ser aprobada como ley de la República.
Muchos comercios chinos cerrados, las calles abarrotadas de personas, incluyendo a la comunidad china, que de todo el territorio nacional se presentaron en esa gran concentración contra la delincuencia e inseguridad.
La lluvia aumentó su frío y el viento atormentó su dolor, sin opacar el clamor y grito de ‘¡Justicia! ¡No más crímenes!’
Adoloridos y apesadumbrados, muchos lloraban en silencio y otros con carteles gritaban: ¡No más crímenes!, en protesta por el vil asesinato de cinco jóvenes asiáticos (conocidos hasta ahora) en ese distrito.
Si mal no recuerdo, en la época de los militares fueron muy pocos los casos de secuestro. Algo sorprendente, los secuestradores generalmente morían en su intento o tras la fuga. Lo cierto es que la ola de secuestros no prosperó.
Mientras se discute en la Asamblea los derechos humanos de los asesinos y la pena máxima de condena, se descuida la necesidad de buscar los mecanismos propios para aplicar la ley en su máxima expresión (acumulándola) de acuerdo a la gravedad del crimen cometido.
A un crimen de esta naturaleza, con la actual legislación, le cabe una pena máxima de 35 años que por buen comportamiento puede quedar reducida a menos de las dos terceras partes de su condena. Estaría en prisión escasos 23 años. Eso, si no cuenta con recursos económicos suficientes para pagar a un abogado que, bajo la mesa, se preste a otros subterfugios.
Es necesario legislar sobre la acumulación de las penas, es decir, como ejemplo tácito, a estos asesinos les cabe la pena de 35 años por cada crimen, más la condena por secuestro y extorsión. La pena a estos criminales estaría dada entre los 175 y 300 años.
Abunda la seguridad en muchas instituciones del Estado, sin embargo, disminuye en las comunidades. Pareciera no guardar relación la seguridad administrativa con la social, pero es la forma en que quienes nos gobiernan abultan los presupuestos y justifican su mal uso. Dios te salve Panamá.
EL AUTOR ES ECONOMISTA Y COMUNICADOR SOCIAL