• miércoles 28 de diciembre de 2011 - 12:00 AM

Los estamentos de seguridad han fracasado

En las últimas semanas, el panameño se siente desprotegido, indefenso porque siente que los estamentos de seguridad no le están brindand...

En las últimas semanas, el panameño se siente desprotegido, indefenso porque siente que los estamentos de seguridad no le están brindando la tranquilidad. Cuando se habla de la combinación de delincuentes y elementos de la Policía Nacional, esto sí es preocupante.

La comunidad nacional vive tiempos tenebrosos; se ve obligada a vivir encerrada tras verjas de hierro, enclaustrada contra su voluntad, para evitar que el pandillerismo, el sicariato y toda una gama de enemigos sociales que están incrementando sus acciones criminales, logren violar la santidad de los hogares para cometer sus desmanes.

Aunque tenemos que aceptar que ahora, a pleno día, los forajidos criollos y extranjeros atentan contra la vida y bienes de los asociados.

Los ciudadanos decentes, que felizmente con la mayoría, claman a gritos una acción más severa, radical y ejemplar al aplicar la ley contra los que han sembrado el temor, la inseguridad y la pacífica convivencia social, lo cual está amenazando seriamente con socavar las mismas simientes en que se sostiene nuestro sistema democrático.

Solicitamos, con todo respeto al señor ministro de Gobierno y Justicia, José Raúl Mulino, para que proceda con toda la severidad y la rudeza que demandan los tiempos actuales, a fin de que instruya a la Policía Nacional para que el combate al hampa se aplique con todo el rigor que la situación amerita. Por el bien del país, póngase de acuerdo con el director de la Policía Nacional Gustavo Pérez, por lo menos llévense bien en esta coyuntura, ya que tenemos conocimiento ‘de que no se soportan’.

Comprendemos las quejas de algunos jerarcas de la Policía Nacional en el sentido de que funcionarios del poder judicial, valiéndose de los derechos humanos y otras leyes, ‘de paños tibios’, limitan peligrosamente la acción de los encargados de perseguir y capturar a los delincuentes. Por lo tanto, no extraña que avezados criminales se encuentren transitando por las calles como si fueran unos angelitos, a pesar de que han provocado una serie de asesinatos, ya sea por violencia familiar o por rivalidades entre pandillas peleándose el mercado de las drogas, que es la mayor maldición que está castigando a la humanidad en los últimos tiempos.

Señor ministro, si es necesario construir más cárceles, todas de alta seguridad, pues proceda en este sentido, pero las acciones del Gobierno deben estar dirigidas, prioritariamente, a la seguridad y la paz colectiva.

Pero, ¡hay que actuar ahora..! La escalada de violencia no admite dilaciones. Hay que enfrentar la situación con profesionalismo y sin demagogias.

EL AUTOR ES PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO