- domingo 07 de julio de 2013 - 12:00 AM
Estambul, Brasil y Egipto
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Agrega El Siglo en Google ↗️En este mundo globalizado nos llegan brisas de optimismo y de esperanza, frente a la frustración personal o colectiva que podamos tener cuando miramos el istmo donde nacimos y, sin lugar a dudas, donde moriremos.
Seguimos repitiendo como cotorras que aquí en Panamá no pasará nada, porque somos un pueblo especial, donde los desastres naturales no ocurren y donde las revoluciones populares no llegan, porque los gringos están vigilantes para que ello no ocurra y para coronar esta ‘virtud’ de los panameños entonces decimos, que a nuestro pueblo solo le interesan LOS CARNAVALES, LAS FIESTAS, EL DESORDEN y en palabras más juveniles QUEREMOS VIVIR PERMANENTEMENTE EN ‘LA PONCHERA’.
Pero la historia pasada no nos dice eso, por el contrario, todas las generaciones de panameños, desde el Panamá colonial pasando por el Panamá colombiano y el Panamá republicano ha forjado sus propios sueños y ha tratado de construirlo, sin temor a derramar su sangre, a dejar sus muertos en la tarea y a realizar sacrificios que NO siempre han logrado los éxitos deseados. Y frente al fracaso de unos se ha levantado la próxima generación para tratar de lograr y alcanzar las tareas inconclusas.
En toda esta lucha generacional por el perfeccionamiento de la República, el afianzamiento de la nacionalidad y la felicidad de las mayorías nacionales, nunca faltaron las voces disidentes, en contradas, enemigas, sumisas, entregadas a la caja registradora, perezosas, de muchos panameños, que le gritaban a los nacionalistas que LA SOBERANIA NO SE COMÍA. Y como nos recuerda el profesor Ricardo Ríos, de esa SOBERANÍA ESTÁN COMIENDO LOS RICOS Y PODEROSOS DE PANAMÁ Y SUS ALIADOS EXTRANJEROS, mientras el panameño de la capital y del interior mira de reojo pasar la riqueza sin saborear esas mieles de nuestros panales.
Estas reflexiones me llegan a raíz de los sucesos que han estallado en ciudades tranquilas y que creíamos sumisas al velo religioso del Corán que se apoderó de las revoluciones de ‘la primavera árabe’ y de las manifestaciones callejeras en las principales avenidas del Brasil socialista de Lula y de Dilma.
En Estambul los ciudadanos salieron a defender su memoria histórica. En Brasil salieron a protestar contra la subida de los pasajes para luego exigir reformas en la vida nacional plagadas de problemas frente a los gastos faraónicos de los juegos del Mundial de Fútbol y de las Olimpiadas y, por último, los egipcios han salido a derrumbar al gobierno que ha traicionado a la ‘revolución árabe’.
Ojalá los panameños reiniciemos la lucha, que nos han legado los panameños de ayer, para lograr el NUEVO PANAMÁ Y EL PANAMÁ MEJOR de los que hablan los dos grandes partidos políticos de la oposición.
* EXEMBAJADOR DE PANAMÁ EN BRASIL Y NICARAGUA