• lunes 12 de enero de 2026 - 12:00 AM

El poder transformador de la cultura

La política cultural de un país ha ido redefiniendo las relaciones diplomáticas y la convivencia local desde hace muchos años, para el disfrute de quienes sabemos que la cultura es la savia de la vida, tanto para chicos como para grandes.

La política cultural es el conjunto de principios, normas, programas y acciones mediante los cuales un Estado (o una institución) protege, promueve, regula y desarrolla la vida cultural de una sociedad.

En términos generales, abarca todo lo relacionado con el patrimonio cultural —tanto material como inmaterial—, la educación y formación artística, las artes y la creatividad contemporánea, así como los centros culturales: archivos, bibliotecas y museos; la producción y difusión cultural, y el realce de la diversidad cultural e identitaria, especialmente en un país como el nuestro, que es un verdadero crisol de razas.

Uno de los principales pilares en que se sustenta es el derecho de toda la población al acceso y disfrute de la cultura. Con estas bases se busca preservar la memoria histórica y el patrimonio, fomentar la creación artística y garantizar un acceso democrático a la cultura. Todo ello fortalece la identidad nacional y, al mismo tiempo, apoya a creadores y gestores culturales.

Por estas razones, integrar la cultura al desarrollo social y económico genera réditos que no se miden en un incremento del PIB, pero sí en el bienestar integral de la población.

La diplomacia cultural, que se fundamenta en estos principios, es una poderosa herramienta de política exterior para fortalecer relaciones internacionales, proyectar la imagen de un país y generar entendimiento entre sociedades.

Algunas de las manifestaciones que se han utilizado con éxito incluyen la literatura, la música, el teatro, el cine y la gastronomía —incluido el café—, así como el patrimonio histórico y cultural, la enseñanza de la lengua, la conmemoración de efemérides (como la reciente del 9 de enero) e incluso el comercio de mariposas, que afianza la identidad y los valores nacionales.

La diplomacia cultural actúa a largo plazo, construyendo confianza, afinidad y prestigio internacional, ya que mejora la imagen del país, fortalece su presencia cultural en el exterior, fomenta el diálogo intercultural y estrecha los vínculos diplomáticos, educativos y turísticos.

Panamá ha avanzado de forma cuántica en la promoción cultural. Por ello, resulta difícil de entender la negativa a apoyar el Festival de Jazz por parte de la Autoridad de Turismo y de la Alcaldía, tratándose de un festival que se ha celebrado durante más de veinte años.