El concepto de desierto tiene varios significados a nivel simbólico, tanto en las artes plásticas como en la literatura y en lo espiritual, especialmente dentro de las religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam), representando un espacio de purificación, revelación y prueba.
El desierto ha sido un eje conceptual de muchos pintores, escultores y escritores, desde Dali, William Turner, José Clemente Orozco hasta Antoine de Saint–Extupéry (El principio y Tierra de hombres), en cuya obra, este se representa como el lugar donde lo esencial no es visto simplemente y puede tornarse invisible. Para Dino Buzzati (en El desierto de los tártaros), el desierto representa la espera, el paso del tiempo, la búsqueda de sentido de nuestra existencia.
En las artes plásticas, el desierto es la luz que deja ver lo importante, y en la literatura es la voz que se escucha en el silencio, siendo esta quietud que produce la ausencia de ruidos distractores la que permite que las personas escuchemos nuestro ser y se nos permita un contacto personal y trascendente.
El tiempo de Cuaresma resulta una excelente oportunidad para reflexionar e interiorizar lo que somos, es un tiempo que nos dará las respuestas que muchos buscamos.
Este período de tránsito se asocia con la sequía del desierto, que se llenará con el agua viva al encontrar nuestro oasis espiritual, donde el silencio interno nos permitirá encontrarnos con nuestro propio ser y el propósito de nuestra vida.
Es un tiempo precioso que se nos presenta para que lo aprovechemos y que podamos tener una vida más consciente y plena.
¡Que sea de profundo provecho para todos!