• martes 10 de febrero de 2026 - 12:00 AM

¡El lado triste del carnaval!

Como si fuera parte integral de una práctica existencial, sin sonrojos nos permitimos que en ocasión a los carnavales queden “pausadas”, todas promesas y listas de buenos propósitos que nos hicimos al final del año pasado.

Para quienes anhelaban que el año nuevo vendría cargado de novedades, el tiempo les ha respondido que semejante expectativa no aparece en el horizonte. Así que los culecos a los que asistas, parecerán más bien sesiones de terapia colectiva anti depresión.

Debo dejar claro que no soy un fanático activista de los carnavales, pues llevo gozado muchos de los recordados “carnavales en la central”, en los que la felicidad brotaba por todos lados. Con alegría esperabas que pasara tu comparsa favorita para saltar un rato con ella, aportando un poco de toda la energía que recorría tu cuerpo.

No es recomendable salir a “culequear” para olvidar las penas, pues “la limpieza” te puede tentar a meterte en problemas. Si decides encerrarte en casa, nadie te criticará, pues la cosa está “tan dura“, que el ánimo no te lo levantará ningún “regguesero”, ni la mejor orquesta de salsa de moda. Y si tienes la fortuna de encontrarte “un lanzador” de poder, después de cada pinta “quech´a”, recordarás que la escuela comenzará en pocos días.

En tiempos de normalidad, es reducida tu capacidad para resistir el licor. Pero, limpio y lleno de preocupaciones, el alcohol no te sirve para adormecer tu consciencia, la que desde que saliste de casa te viene preguntando, ¿qué hace ahí?

Somos del trópico, y al ritmo de cualquier “lata mal tocada” quedamos bailando. Por más que lo intentes, no hay forma de que te desconectes de tu realidad. Desde que aceptaste que a base de mentiras “los poderosos” pisotearan tus sueños, perdiste también el placer por reír y por gozar.

Aunque te instales al pie de la tarima, no habrá “lírica” que te quite el malestar. Todo seguirá igual mientras sigas creyendo que esto es mala suerte, y peor si te niegas a escuchar tus voces internas, que desde hacer rato te piden liberarte de las fuerzas que te tienen allí bailando, pidiendo agua como un idiota.