- lunes 23 de febrero de 2026 - 12:00 AM
El inicio de una clase es importante, no importa la edad del estudiante
En la institución para la cual trabajaba se solían realizar, al inicio de cada semestre, seminarios con el personal docente relacionados con temas diversos en el ámbito pedagógico: nuevas tecnologías, metodologías y estrategias de enseñanza. Más allá de demostrar sus amplias experiencias, existía en todos ellos un denominador común: la motivación.
Se desarrollaban dinámicas que involucraban a los participantes, arrancando sonrisas y provocando manos levantadas para opinar e indagar. Prácticamente, las casi dos horas se iban “en menos de lo que canta un gallo” —como dice el refrán campesino—. Sin embargo, hubo una jornada que generó discrepancias, algo saludable y necesario porque conduce a reflexiones profundas.
En aquella ocasión, dos facilitadores mostraron con lujo de detalles un sinnúmero de actividades basadas esencialmente en juegos, dirigidas a estudiantes de enseñanza media, entre 12 y 15 años. Presentaron videos del inicio de un período corto —aproximadamente un mes— y su conclusión. Lo más impactante fue evidenciar cambios de conducta en los alumnos: comenzaron a exponer con mayor seguridad, a opinar sin temor, a compartir ideas y a proponer soluciones a problemas concretos.
En lo personal, consideré que la actividad cumplió ampliamente su cometido. No solo mostraba resultados académicos, sino transformaciones emocionales y actitudinales que impactaban directamente en el aprendizaje.
Sin embargo, algunos docentes manifestaron su desacuerdo: “Esas actividades no son propias para estudiantes universitarios”. Respeté su opinión, pero no la compartí. Hoy en día ingresan a primer año jóvenes de 15 o 16 años. Resulta poco realista pensar que, tras culminar el bachillerato y apenas dos meses después iniciar la educación superior, hayan adquirido automáticamente la madurez suficiente para asumir un aprendizaje completamente rígido, sin espacio para dinámicas participativas.
La universidad no deja de ser un espacio de formación humana. Y la formación humana también necesita motivación, confianza y conexión emocional desde el primer minuto de clase. (Continuará).