- viernes 10 de abril de 2026 - 9:00 AM
El agua en Panamá: La comunicación como eje de sostenibilidad social
En conmemoración del Día Mundial del Agua, el pasado 22 de marzo, resulta imperativo reflexionar sobre la gestión del recurso hídrico en Panamá. Esta labor no debe soslayar el esfuerzo de la ingeniería civil que garantiza el acceso al consumo humano; no obstante, desde la perspectiva de la comunicación institucional, el rol del relacionista público formado académicamente y con experiencia en instituciones como el Instituto Nacional de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN) se constituye como un puente estratégico del diálogo indispensable entre la operatividad técnica y la estabilidad social.
Es fundamental reconocer que la gestión hídrica en nuestro país enfrenta desafíos sistémicos, agravados por la vulnerabilidad climática. Por ejemplo, durante el mes de diciembre, la ciudadanía experimentó episodios críticos de turbiedad en el suministro de agua, quedando evidenciada la falta de confianza en su consumo. Esta situación obligó a muchos hogares a recurrir a la compra de agua embotellada para garantizar la seguridad sanitaria en el hogar.
Bajo este escenario, el verdadero reto de la comunicación estratégica no reside únicamente en la solución de fallas operativas, como la reparación de una turbina; antes bien, subyace en la gestión de la incertidumbre ciudadana. En ese sentido, resulta pertinente invocar el modelo de comunicación simétrica bidireccional propuesto por James E. Grunig, el cual plantea la necesidad de construir relaciones basadas en el diálogo y la retroalimentación. Bajo esta premisa, la labor del profesional no debe limitarse a la difusión unidireccional de boletines; a mayor abundamiento, la estrategia debe evolucionar hacia una narrativa institucional donde la entidad no solo informa, sino que también educa, escucha y legitima su actuación ante sus públicos de interés.
En este orden de ideas, el uso del storytelling se posiciona como una herramienta de humanización de incalculable valor. En lugar de presentar la operatividad como un proceso gélido o meramente burocrático, la comunicación debe visibilizar el esfuerzo humano: el técnico que labora en condiciones adversas o el ingeniero que supervisa los procesos de potabilización. Esta narrativa no busca eximir de responsabilidad a la entidad, sino fomentar una corresponsabilidad ciudadana cimentada en la transparencia proactiva.
En consecuencia, cuando el relacionista público asume un rol estratégico dentro del Estado, contribuye a que la opinión pública comprenda que la infraestructura hídrica es un patrimonio colectivo que debe ser valorado y protegido. Además, si se implementan campañas más profundas que involucren a los públicos internos y externos, el mensaje adquiere mayor impacto y se reflejará un mayor nivel de satisfacción hacia la institución. Una suspensión programada, comunicada con claridad, rigor técnico y empatía social, puede transformar una posible crisis en una oportunidad para fortalecer la cultura cívica.
En definitiva, cuando la información fluye con la misma claridad que el recurso que defendemos, no solo se fortalece la confianza institucional, sino también el tejido democrático. Porque gestionar el agua no es únicamente un desafío técnico, sino un compromiso comunicacional con la vida y el bienestar de las futuras generaciones.
Relacionista Pública, profesora