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Agrega El Siglo en Google ↗️La semana pasada, el papa León XIV visitó España, donde participó en diversos actos, aunque el más relevante fue, sin duda, la ceremonia de bendición e inauguración de la Torre de Jesucristo de la Basílica de la Sagrada Familia, celebrada con motivo del centenario de la muerte de Antoni Gaudí, el llamado “arquitecto de Dios”.
Todos los que en alguna ocasión hemos visitado esa obra prodigiosa hemos quedado maravillados por sus formas, su iluminación, sus altares, sus vitrales y por la extraordinaria armonía que emana del conjunto. Enmarcada en el estilo naturalista que caracterizó a Gaudí, la basílica combina magistralmente los elementos estructurales y ornamentales, la plástica y la estética, la función y la forma, logrando una integración total de las artes dentro de un diseño coherente y profundamente original. Incluso su famosa técnica del trencadís, elaborada con fragmentos de cerámica reutilizada, se refleja allí.
Durante la última década de su vida, antes de morir atropellado por un tranvía en 1926, Gaudí se dedicó casi exclusivamente a este templo, que hoy ostenta el título de la iglesia más alta del mundo. La cripta y el ábside conservan el estilo neogótico original, mientras que el resto del edificio fue concebido siguiendo un lenguaje orgánico inspirado en las formas de la naturaleza, donde abundan las geometrías regladas. Su interior evoca un bosque de columnas arborescentes, inclinadas y helicoidales, que conforman una estructura tan elegante como resistente.
La ceremonia constituyó un espectáculo de otro nivel. Devoción y tecnología se combinaron mediante un impresionante despliegue de luces, música y drones que iluminó el cielo de Barcelona. La torre inaugurada fue la dedicada a Jesucristo y, en uno de los momentos más emotivos de la noche, apareció en el firmamento la imagen de Gaudí acompañada de su célebre frase en catalán: “Primer l’amor, després la tècnica” —Primero el amor, después la técnica.
Antoni Gaudí fue un arquitecto profundamente religioso que nunca contrajo matrimonio y consagró su vida a una obra que hoy constituye uno de los mayores símbolos de Barcelona y de España. Aunque la construcción comenzó hace 144 años y todavía quedan elementos importantes por concluir, la Sagrada Familia parece desafiar al tiempo. Pocas creaciones humanas han sobrevivido a su autor durante un siglo sin perder la esencia de su visión original. Piedra a piedra, torre a torre, el templo continúa elevándose hacia el cielo como una oración inacabada, recordándonos que las grandes obras no pertenecen a una generación, sino a la humanidad entera.