Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega El Siglo en Google ↗️Si la naturaleza repartiera premios Óscar, Gualaca competiría por mejor paisaje, mejor banda sonora y mejores efectos especiales. Carlos Morell Águila, abogado, tituló su libro académico sobre el municipio: Tierra de Maravillas. La historiadora Milagros Sánchez nombró el suyo: tierra de cascadas. No exageraron. Aquí el agua no cae: conversa con las piedras, canta entre las montañas y escribe una leyenda que todavía no termina. Decenas y decenas de cascadas, muchas aún inexploradas, descienden como cartas de amor enviadas por la cordillera. Y Los Cangilones, orgullo de Gualaca y símbolo de Chiriquí, nos recuerdan que la naturaleza también sabe esculpir catedrales.
Cada 2 de agosto la población honra a Nuestra Señora de los Ángeles. Gualaca también rinde culto a la saloma, al acordeón y a la hospitalidad. Las hojaldras de Higuerón no son de tamaño familiar; son de tamaño patriótico. Una basta para alimentar el optimismo de toda una mañana. Y el bienmesabe... bueno, después de probar el de Gualaca, los demás deberían llamarse “bien... se intentó”. Dese una vuelta por Rincón.
La dinastía de Marcelino Guerra demuestra que el talento también se hereda. En esa familia se ha convertido el acordeón en un árbol genealógico. Silfrido Ibarra pinta aquello que las palabras apenas alcanzan a describir.
Una paradoja. Una tierra que produce cascadas, artistas, energía, tradiciones y manjares de Panamá no posee un gran centro donde reunir todo ese patrimonio ni una biblioteca pública.
El histórico edificio escolar de piedra de 1932 -armado de piedra y con 94 años a cuestas- merece renacer como el Centro de Arte y Cultura de Gualaca (CAC-Gualaca). Un complejo cultural con biblioteca pública, escuela de artes, auditorio y un programa permanente de foros sobre negocios, innovación, turismo, economía creativa y tendencias contemporáneas.
Las grandes naciones comienzan en pequeñas patrias orgullosas de ellas. Si durante siglos el agua ha escrito la leyenda de Gualaca, ahora les corresponde a los gualaqueños escribir la siguiente página. Porque un pueblo que sabe cuidar sus cascadas también puede aprender a cuidar sus libros, sus artistas, sus ideas y sus sueños.