Uno de los principales temas abordados en los planes de gobierno que usualmente presentan los candidatos presidenciales en Panamá es la educación. En el discurso suena muy bonito, pero en la práctica se convierte en un verdadero dolor de cabeza a la hora de gobernar. Durante la campaña todos parecen expertos en la materia y aseguran tener la fórmula perfecta; sin embargo, una vez en el poder, ni siquiera encuentran a alguien con el perfil adecuado que esté dispuesto a aceptar el cargo.
Ganada la elección, una de las primeras tareas es conformar el equipo de gobierno. Dentro de ese engranaje, la cartera de Educación suele ser una de las más difíciles de asignar, no solo por su complejidad, sino también por el fuerte componente gremial que representan los docentes. Sin embargo, a más de dos años de gestión, la actual administración parece haberse concentrado principalmente en el proceso de compra de laptops para profesores y estudiantes de los colegios oficiales, como si allí estuviera la solución al deterioro del sistema educativo.
Una discusión desgastante y estéril que terminó con la salida de la ministra de Educación, Lucy Molinar. Más allá del evidente empantanamiento de la educación panameña, esta desafortunada situación terminó produciendo un cuestionado reemplazo: un político de larga trayectoria en cargos públicos, cuyo paso por distintas posiciones ha estado acompañado de polémicas y de procesos administrativos y judiciales.
Nada indica que la educación panameña vaya a cambiar de rumbo en el corto o mediano plazo. Tampoco existen señales suficientes que generen aliento o confianza entre la población. Por el contrario, al nuevo ministro de Educación, Ventura Vega, le espera nuevamente la polémica tras afirmar que el proceso de compra de las laptops continuará.
La contradicción resulta inevitable: se pretende seguir adelante con una contratación que la propia exministra Molinar, antes de su abrupta e inesperada salida, pidió al Ministerio Público investigar, pese a que dicho proceso comenzó durante su administración.
“La misma chicha con diferente limonada”.