En la Casa Blanca, sede de la Alianza Francesa —cuyo edificio cumplió 100 años en 2025 y ha sido bellamente restaurado—, en el corazón de Bella Vista, se celebró una conferencia a cargo de tres destacados arquitectos en torno a la arquitectura, la memoria y el legado de ese barrio que sentimos estamos perdiendo, debido al avasallamiento pseudo-desarrollista que se ha permitido en este país.
Hace unos años, ante la expectativa y la codicia de levantar grandes edificios en ese histórico barrio, se demolieron varias edificaciones que ostentaban la típica arquitectura “bellavistina”. En la mayoría de esos casos, hoy solo quedan lotes baldíos. En otros, para espanto de muchos, se levantaron verdaderos esperpentos, como el que ahora ocupa el icónico Teatro Bella Vista: una aberración y un culto al mal gusto. Hubiera sido tan fácil conservar la marquesina del teatro y permitir que esta sirviera como fachada del edificio que allí se levantó.
Los arquitectos que participaron en la conferencia expusieron el diseño original del barrio, el trazado de sus calles y las limitaciones que este impone, lo que obliga a estudiar cuidadosamente la vialidad antes de abocarse a levantar edificios de varios pisos. Asimismo, se refirieron al Acuerdo 61 de marzo de 2021, que rige el Plan Local de Ordenamiento Territorial para el Distrito de Panamá y que incluye un censo de aquellos edificios que, por su valor arquitectónico e histórico, deben preservarse y conservarse.
Dicho acuerdo, que está bajo la dirección de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura, aunque fue aprobado por el Municipio de Panamá, busca planificar el territorio del distrito capitalino mediante una relación justa entre la legislación, las acciones urbanísticas y el bienestar de la ciudadanía en general. En Bella Vista todavía podemos disfrutar de la belleza de edificaciones como los edificios Sousa e Hispania, frente al Parque Urracá; algunas casas, como la Brannan Jaén; y el edificio La Riviera.
Se hizo énfasis en que el desarrollo inmobiliario no ha sido cónsono con el desarrollo urbanístico que debería regirlo, y en que se debe respetar la infraestructura sobre la cual se erigen esos enormes edificios, algunas de las cuales —como la de El Cangrejo— datan de 1947 y hoy pretenden soportar edificaciones claramente desproporcionadas.
Fue alentador que dicha conferencia contara con una audiencia masiva, porque confirma que existe una ciudadanía dispuesta a resistir el despojo urbano. Bella Vista no necesita más torres desproporcionadas ni decisiones tomadas de espaldas a la ciudad; necesita que se respeten sus normas, su historia y su infraestructura. El verdadero atraso no es conservar, sino seguir llamando desarrollo a lo que claramente es depredación.