• martes 18 de abril de 2023 - 12:00 AM

¿Cómo funciona nuestra democracia ?

La política conecta al “poder económico” con el  Estado democrático

La democracia participativa que hoy, es producto de un lento y traumático proceso histórico, en el que finalmente la soberanía  acabaría descansando  en hombre y mujeres libres, desterrando todos aquellos  principios ideológicos para los que la fuente  del poder estaba en la divinidad, o en sus delegados (monarcas).

En esa evolución, el “gobierno del pueblo” (democracia), el compromiso del  Estado democrático de satisfacer las necesidades vitales de los gobernados, no tendría mayores obstáculos, pues esta relación entre  “gobernantes y gobernados” no debería presentar ninguna complejidad.

Si en verdad la soberanía radicara en el pueblo, el orden jurídico estatal debería inspirarse en “valores y principios superiores”, que precisamente privilegiaran el interés “del pueblo”. Entonces, ¿por qué no refleja el interés colectivo?

A muy corta distancia del Estado, subsisten  estructuras políticas (“poder económico”), las que por su fuerza irresistible,  logran  que sus intereses, le marquen el camino y la orientación al Estado,  y a la sociedad.  Si así son las cosas, tendremos que aceptar que la democracia está sustentada sobre ficciones y dogmas, que incluso son antagónicas con  la propia realidad social.

La política conecta al “poder económico” con el  Estado democrático, pero éste  se la hace invisible e inalcanzable a la sociedad. Aún cuando los problemas sociales los crea el sistema, son los gobiernos los responsables de atenderlos, evitando poner en riesgo los principios y valores del “poder económico”.

Estamos equivocados si creemos que la democracia panameña es fuerte porque los militares desparecieron. La politiquería nos ha hecho olvidar  que para crear condiciones para  que el Estado otorgue igual atención al interés individual y al social, se requiere motivar la responsabilidad ciudadana.

Pero, sucedió que  esos mismo “dirigentes” al convencer a la ciudadanía que “en las elecciones están sus soluciones”, y ya poco importa el clientelismo,  ni que los derechos y conquistas sociales serán consideradas como promesas de campaña, desligadas de los compromisos que el propio Estado democrático tiene con las mayorías. Con esto el Estado queda a merced del influjo de los organismos internacionales, injerencias que por fortuna todavía provocan desde lo más profundo del alma nacional, con poco algunas reacciones.

Abogado jubilado