- jueves 15 de abril de 2021 - 12:00 AM
Clamo por mi desprotegida patria
Cuando sientas el día tenebroso, oscuro, no es falta de luz, es falta de visión de nuestros gobernantes, empresarios inescrupulosos, banqueros y políticos corruptos. Si este cabestro alcanza a representantes, diputados y otros diezmados, es porque tenemos una población mansa.
Panamá, uno de los países de América Latina con mayor crecimiento y recursos económicos, donde el dinero pudiera rodar por las aceras, calles y avenidas. No debería existir pobreza, mucho menos mendicidad, pero falta coraje, hidalguía y nacionalismo, que sobraba en décadas pasadas.
Está muriendo la generación que ponía el pecho contra bayonetas del imperio y teñían la calle con sangre. Como lo predijo nuestro máximo líder, Omar, cambiamos los amos blanquitos, por amos chocolate y no sólo en el Canal de Panamá.
De las generaciones menores de 50 años, pudieran contarse quienes aspiran por un Panamá Soberado, libre de la plaga corrupta de politiquería barata, del clientelismo y del “que hay pa´mí”. Hoy nuestros principios y valores son historia y siguen perdiendo vigencia. Quedamos menos y con pocas fuerzas para mantener otra lucha intestina para salvar el País.
De quienes luchamos por más educación y menos corrupción, somos menos cada vez.
Gobierno tras gobierno endeudan el País, innecesariamente, a niveles impagables. Nos faltan estadistas y sobran políticos, pero nuestros jóvenes se especializan en juegos de celulares, tablets o computadora. Esta es nuestra nueva realidad.
Mientras representantes y diputados con dobles sueldo, gastos de representación, combustible, conductores, etc., malgastan los recursos del Estado, moradores comunitarios tienen que hacer cuotas para arreglar o hacer caminos de penetración, para sacar los productos o evitar el aislamiento.
Nuestro escudo nacional vende la Patria que empollerada viste de luto clamando decencia, transparencia y presencia. Presencia de equidad, humildad y honestidad. Honestidad que se ha perdido o tiende a desaparecer hasta del vocablo ciudadano del panameño con principios y valores.
Mientras no tomemos conciencia de pueblo, de personas honestas, decentes y serias; seguirán eligiendo corruptos y destruyendo el País. Dios te salve, Panamá.
Economista, educador y humanista.