Esta semana, Panamá vibrará con las letras y las voces que inundarán todos los rincones de la ciudad y, en esta ocasión, también de Colón. El Festival Centroamérica Cuenta, que celebra su decimotercera edición, será escenario de conversaciones, lecturas, talleres y encuentros culturales con participantes de más de 18 países. Se trata de una magnífica oportunidad para reflexionar sobre los temas que atraviesan nuestro tiempo y sumarnos a diálogos que promueven el intercambio, el pensamiento crítico y nuevas miradas.
Este festival constituye un espacio abierto, un punto de encuentro para lectores, estudiantes, profesionales y amantes de la cultura. Su programa propone abordar, desde múltiples perspectivas, disciplinas como literatura, arte contemporáneo, ciencia, cine, humanidades, deportes, derechos humanos, gastronomía, identidad, migración, música, medio ambiente, periodismo, turismo y desarrollo. En suma, una verdadera fiesta de las ideas, donde las palabras cruzan fronteras gracias a la participación de destacadas figuras del ámbito intelectual y artístico.
El nombre del festival puede despistar a quienes desconocen sus orígenes, pues nació en Nicaragua; sin embargo, con firme determinación ha ampliado su horizonte temático y geográfico, llevando como estandarte la libertad de la palabra.
Es la segunda vez que Centroamérica Cuenta se celebra en Panamá, y en esta edición destaca la acertada decisión de extender durante dos días sus actividades a la ciudad de Colón, donde se pondrá especial énfasis en encuentros con lectores, diálogos, actividades infantiles, gastronomía y cultura indígena.
La lista de personalidades que participarán en debates, talleres y conversaciones es tan amplia y diversa que sería imposible abarcarla en este espacio. Quienes deseen explorarla pueden consultar el programa oficial y diseñar su propia ruta de actividades según sus intereses, aprovechando además que la entrada es libre y que las múltiples sedes permiten una participación flexible.
Sin restar mérito a ninguna de las figuras invitadas, el cierre tendrá un simbolismo especial: corresponderá a Rubén Blades, quien entregará al Instituto Cervantes su legado para la Caja de las Letras, incorporando así obras, documentos y archivos a ese acervo destinado a preservar la memoria cultural del mundo hispano.