- miércoles 09 de marzo de 2011 - 12:00 AM
Carnaval: Impudicia e incontinencia
El pueblo panameño se aboca a conmemorar los carnavales en diferentes puntos del país y —según un antiguo adagio— y que es lamentable, lo único que toma en serio el pueblo es el carnaval (frase ‘lapidaria’) más que las fiestas de Navidad.
Las fiestas del rey MOMO, es todo una algarabía donde se expresa un vocabulario soez, predomina la exposición de la carne, la sodomía y la concupiscencia. Los politiqueros del patio despilfarran dinero patrocinando confites, derroches de licores, pan y circo como en la era romana, lógicamente para sacar provecho en sus aspiraciones políticas.
Es importante señalar que el reconocido filósofo del cristianismo Séneca hablaba de la maledicencia y por ello, predicaba sobre el freno de las grandes pasiones y del humillante mundo de la perdición, el pecado y las acciones perniciosas. También se pronunció el ‘Rey de Reyes’ contra los sepulcros blanqueados ‘hipócritas’ que lejos de la vida del pecado se daban golpes de pecho hablando de austeridad, oración y reflexión.
Luego de los actos pecaminosos, entran tratando de buscar salvación a un periodo de Cuaresma, para liberar de su cuerpo los pecados cometidos en la farsa. Estos son los hipócritas con rostros falsos.
Como facilitador y conocedor de la conducta ética, urge en la praxis valorativa la integración de los principios éticos y reconciliar al pueblo con ejemplos de amor, fraternidad y moral que representan principios fundamentales dentro del núcleo familiar. En ese sentido, rechazamos los antivalores que lamentablemente cobran más vigencia en esta coyuntura festiva. Indudablemente, los carnavales de antaño eran más familiares, vistosos y participativos.
El pueblo se divertía sanamente dentro del marco del respeto y tolerancia. En los días de carnaval, que suman cuatro, leviatán se dedicará a sus andanzas malignas, cobrando vidas y llenando de luto a la familia panameña, otros se dedican con oraciones y retiro espiritual a venerar a Jesús de Nazaret que es la norma a seguir. Esperamos, con esta reflexión, la mayor prudencia independientemente de la realidad del carnaval. Sólo en ese sentido, es valedero lo de la Cuaresma como acción espiritual y recogimiento social.
EL AUTOR ES PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO