En la Comisión sufrió la primera caída. Se fueron a los votos y le dieron lona al Amigo Fiel y sus secuaces que lo acompañaban en el ring. Los otros cuatro contrincantes, y un refuerzo de las filas del piardí, les fregaron todas las propuestas que iban saliendo. Al final, descartaron a medio mundo y dejaron solo siete aspirantes a defensor. La lista de 35 quedó podada al mínimo. Esos siete eran los nombres que irían al Pleno.
En ese ring, los planes B, C, D, etc., son el pan nuestro de cada día. La segunda opción era rifársela con los dos informes: el de la mayoría, que votó por los siete aspirantes, y el de minoría de la esquina del Amigo Leal.
Así fue y llegaron al pleno, un entarimado más grande y con más capacidad. En ese entarimado se desató la ponchera; papel en mano, fueron mencionando las anomalías o faltas a las normas legislativas que tenían los informes. Luego de la pelotera, el Jorgito, el jefe, quedó contra la pared y cerró ese tema.
Por un lado decían que querían meter un golazo sin defensa con el informe sin todas las firmas; otros decían que esas patas de gallina eran lo de menos. Al final, el Amigo Leal quedó sin mayores argumentos y tocará esperar cuándo se vuelvan a presentar los dos informes para que salga humo blanco y haya nuevo defensor.