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Agrega El Siglo en Google ↗️Cabuya no es un adorno del diccionario. Es fibra. Es soga. Es resistencia.
La palabra viene del taíno, lengua arahuaca del Caribe prehispánico. / Kabúya/ nombraba la hebra fuerte del maguey. Palabra de trabajo. Cuando los europeos llegan a las Antillas, la adoptan.
Como ingresaron al español hamaca, canoa, maíz, huracán, tabaco, yuca, cacique. La primera fue canoa. El taíno se extinguió en el siglo XVI, golpeado por la colonización, conquista y epidemias. No murió del todo. Sobrevive en setenta o cien palabras integradas al español.
¡Qué huracán! Hasta metáfora del amor sentimental. Arrasa todo.
En Panamá, cabuya superó al objeto para volverse territorio.
Es corregimiento en Coclé, distrito de Antón; en Herrera, distrito de Parita; y en Panamá Oeste, distrito de Chame. Es comunidad en Veraguas, distrito de Calobre; en Chiriquí, distrito de Boquerón; y en la Comarca Ngäbe-Buglé, distrito de Mironó, corregimiento de Hato Culantro. Existe también La Cabuya, en Coclé, distrito de Olá, donde el artículo no adorna: delimita.
La fibra suele provenir de especies como Agave sisalana, el sisal cultivado en zonas secas del Arco Seco, o de plantas del género Furcraea, como Furcraea cabuya. La ciencia terminó adoptando el nombre popular: el latín botánico conservó la palabra indígena.
La planta crece en suelos duros. Sus hojas son carnosas, espinosas, austeras. De ellas se extrae una fibra fuerte, capaz de soportar peso, tensión, intemperie. No es casual que el nombre haya quedado en el mapa.
Cada Cabuya tiene su paisaje y su acento. Todas comparten el origen de la fibra que amarra.
Si usted vive en Cabuya, vive en una palabra que sobrevivió cinco siglos y todavía sostiene memoria.